Cocaine RPG

Plot/Ambientación



Moscú, Rusia.
Año 2012.

Entre lujosos coches deportivos, mansiones ó apartamentos costosos, pasando casi todas las noches en los clubes más exclusivos de la ciudad... Así es como vive la mayoría de los jóvenes de moscú. Ésos jóvenes a los que no les interesa nada y los que de muy poco se enteran.

Creen que su vida es perfecta, sin saber que en ocasiones, no pasan mucho de ser unos simples títeres, cuyos hilos son movidos por la fuerza de personas que tal vez ni siquiera conocen. Y que no está de más decir, jamás querrían conocer...

Porque no, no todo lo que brilla es un collar de tiffany's. También existen aquellos que, para mantener su posición social, deben recurrir a dañar a otros; a quién sea y de la forma que se les imponga. La ambición en rusia es grande, ¿ya lo sabías?

Y es que recuérdalo, amigo mío; querer estar en la cima del mundo y gozar de un máximo poder, puede llegar a ser tan adictivo como la droga a la que llaman cocaína.

+INFO

Consejos del Staff

1. El foro está optimizado para visualizarse mejor en el navegador Mozilla Firefox, así que si aun no lo posees, te sugerimos descargártelo desde aquí.

2. Se recomienda mantener el equilibrio entre personajes masculinos y femeninos. También recuerden que dada la poca demanda de chicos, un personaje masculino tiene más posibilidades de sobresalir (:

3. ¿Perdido? Entonces lee nuestra guía para nuevos usuarios haciendo click aquí.

4. Recuerda que si tienes una duda ó sugerencia, por más absurda que creas que sea, puedes consultarla sin problema alguno con cualquier miembro de la administración. Nosotros estamos aquí para ayudarte
¡Conéctate!
Nickname:
Password:
Recordarme en éste PC (?)
Es decir, que los datos de tú nombre de usuario y contraseña se queden grabados en ésta computadora para que así, en tu próxima visita no tengas que loguearte de nuevo otra vez.

Recuerda que por seguridad, ésta opción no es recomendable si estás conectándote desde sitios públicos en los tengas que compartir el PC.
»
¿Aún no tienes una cuenta? ¡Regístrate!
» Recuperar mi contraseña
Latest topics
» Well Below [Élite]
Lun Dic 10, 2012 3:47 pm por Invitado

» Mischief Managed [Elite]
Vie Ago 31, 2012 9:21 am por Invitado

» Registro de PB's / Face Claim.
Jue Ago 30, 2012 5:53 am por Jake Carter

» Pandemia Zombie {Afiliación Élite}
Dom Ago 19, 2012 8:47 pm por Invitado

» Skyla Bennett
Miér Ago 01, 2012 11:48 am por Skyla Bennett

» Registro de Nombres / Apellidos.
Miér Ago 01, 2012 11:37 am por Skyla Bennett

» Naufrage (Recién abierto) {ÉLITE}
Miér Jul 25, 2012 2:05 pm por Invitado

» Divergente Rol [Elite]
Miér Jul 25, 2012 8:05 am por Invitado

» Sea of Holes {Normal}
Vie Jul 06, 2012 1:44 pm por Invitado

About

Season/Settings

Actualmente nos situamos en el año 2012, ubicándonos específicamente en la bella ciudad rusa de Moscú. El clima de ésta primavera resulta ser variado; mañanas frescas y tardes/noches cálidas pero agradables. No se esperan temperaturas mayores a los 22°C, pero sí podemos contar con las ya muy habituales lloviznas que seguramente ocurrirán a lo largo del mes.

Staff

"The Bitch"

Enviar MPPerfil
Sören R. Scholz

Enviar MPPerfil
Katherine R. Swandersh

Enviar MPPerfil
Rockie M. Zwarts

Enviar MPPerfil
Viktor F. Vakhrushev

Enviar MPPerfil
Niëv A. Kôgaard

Enviar MPPerfil

Disclaimer

Las imágenes no nos pertenecen, lo único que nos acreditamos es la edición de las mismas para formar en conjunto el diseño gráfico del foro.

COCAINE es un rpg original basado en la anterior obra de la administración, So Dirty. La trama & ambientación pertenecen al respectivo staff del foro, al igual que todo el diseño gráfico del mismo. La información básica de cada personaje es propiedad de los usuarios y está prohibida su reproducción sin el permiso de éstos.

Cualquier plagio, ya sea total o parcial del contenido original que aquí se expone, será denunciado. Nosotros sabemos que "inspirarse" no está mal, pero si algo de aquí te llama la atención al menos notifícanoslo ó en última instancia, sólo da el crédito correspondiente. Por favor, sé original y no copies.
OTM

Los mejores del mes


CHICA.
SOON.


CHICO.
SOON.


PAREJA.
SOON.
Affiliates

LA CRÈME DE LA CRÈME

BROTHERS SITES




Photobucket

ÉLITE / VIP
Calapalooza! Panem Games The Afterlife Oblivion Image and video hosting by TinyPic Quimera Asylum Donec Mors Nos Absque Clash of Kingdoms Image and video hosting by TinyPic Titanic RPG Photobucket LoveDaze! Tour Ashley Image and video hosting by TinyPic Image and video hosting by TinyPic Another Brick In The Wall Foro rol Secrets Hurts



Comparte|

↘ Revenge feels so sweet on my hands.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo
MensajeTema: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Vie Mayo 04, 2012 1:41 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 21:47 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Volvió a intentar por centegésima vez a encender el motor de aquel coche que se le resistía. Nada, hizo un par de intentos y después se apagó cómo una vela al viento. La muchacha estaba ya algo desesperada. Salió del coche algo molesta y se acercó de nuevo hasta el capó, abriéndolo de nuevo y cogiendo una llave inglesa. Parecía ser que uno de los tapones había volado y ahora al carburador no le daba la gana de funcionar bien. Era una tarea árdua, sin duda. Llevaba allí metida cuatro horas, desde que un tipo con pintas de acabar de salir de un correccional se lo había traído alegando que necesitaba arreglarlo lo más pronto posible por que sino su padre lo mataría. Aunque al menos le había pagado por adelantado. Wâsh resopló por lo bajo pasándose la mano por la frente para quitarse el sudor, que fue sustituido por otra capa más de aceite. Llevaba la cara y la ropa manchada aquí y allá, salpicada del aceite del coche que había saltado escapando de un motor que parecía una bomba de relojería a punto de estallar. El propietario debía haberlo puesto al límite, por que el pobre cacharro parecía para el arrastre. Y eso que era un coche de valor. Un BMW que no muchos podían permitirse. Ella, que ya le había costado de ganarse la moto que tenía ahora. Aunque fuese un regalo. Al menos la ciudaba cómo su más preciado tesoro. La miró con un amor infinito, estaba aparcada en la puerta del taller, que seguía abierto a la noche para que al menos entrase un poco de aire fresco. Estaba sofocada, ofuscada y algo picada también.

Suspiró por lo bajo, y decidió que era hora de tomar un pequeño descanso antes de volver. El peto tejano que llevaba puesto y la camiseta, que debería ser blanca pero estaba negra, la hacían sentir cómo en casa. Siempre con su trapo colgando del bolsillo de forma despreocupada. El taller era cómo su hogar, además de estar situado en una zona transitable. Aunque a aquellas horas ya casi todo el mundo estaba cenando, ella era la única que se solía quedar hasta tarde arreglando los últimos retoques antes de dejarlo todo terminado. Le gustaba, lo de dejar el trabajo finalizado. Se sentía orgullosa de sí misma, y eso ya era decir mucho teniendo en cuenta que su autoestima era de cero coma. Fue hasta la mini nevera que estaba prácticamente escondida entre miles de herramientas y trastos, y sacó una coca-cola para tomarse algo un poco refrescante. La abrió y se dirigió de nuevo hacia el trabajo que tenía entre manos. Se le resistía. Se le resistía mucho. Observó atentamente con el ceño fruncido, tratando de adivinar por qué algo fallaba todo el rato y no podía encontrar el error. A ese paso vendría el dueño y todavía no estaría listo. Un momento. Le pareció encontrar el fallo. La verdad, todavía estaba aprendiendo algunos truquillos para identificar el problema, así que cometía fallos. Uno cómo aquel. Tiró de la anilla que sobresalía pensando que no era parte del coche — pues veía más bien poco, estando su tío cerca — y un buen manchurrón de petróleo negro y viscoso se instaló con comodidad en su peto tejano.— ¡Jolín!— dijo, mirando aquella horrible mancha instaurada en mal lugar.

Sin embargo, algo la distrajo mientras trataba de limpiarse aquello inútilmente. Sólo hizo que escampar todavía más la negra y viscosa masa. Se dio la vuelta en redondo al parecerle escuchar algo fuera del taller. Sin embargo, no lograba ver nada desde el lugar dónde estaba. Quizás habían sido imaginaciones suyas. A veces creía que la gente la espiaba, quería atacarla, quería hacerle daño. Estaba paranoica, incluso su propio tío había llegado a decírselo más de una vez. Y su madre. Malditos fueran ambos, y eso que les quería. Pero sólo era precavida. Y en aquel momento todas sus alarmas la advertían de que no estaba sola en el taller. Se acercó lentamente hasta la puerta, posando la mano sobre su moto y acariciando el asiento para relajarse. Nah, no había nadie allí. Se encogió ligeramente de hombros y dio media vuelta, volviendo a su tarea anterior. Quizás sí que era cierto que estaba emparanoiada. Escuchaba cosas que no eran. Frunció el ceño, cruzándose de brazos, manchándoselos de tinta negra y mirando con atención el motor de aquella chapuza de coche.— ¿Dónde estás, pequeño tumor mecánico?— preguntó, pensativa.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Sáb Mayo 05, 2012 10:22 am



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico21:47 PM

Aun recordaba muy bien aquella noche en donde la tensión se hizo presente. Fue en el taller mecánico de un amigo. Ex amigo, actualmente. Ankêr y él eran buenos colegas, y normalmente siempre estaban juntos, por lo que a veces él iba a visitarlo al taller. No entró más de dos veces, pues siempre se quedaba fuera de este, a esperarle para luego ir a hacer lo que mejor sabían. Vender y traficar con droga. Ankêr le enseñó mucho de aquél arriesgado trabajo. Le contó muchas cosas que luego le servirían para desenvolverse bien por aquellos lares. Pero lo que Ankêr no se olía, es que luego aquél idiota le traicionaría. Y cuando lo hizo, fue a buscarlo para romperle la nariz con un bate de beisbol y muchas ganas de hacerle daño. Lo consiguió, pero lo que no sabía es que una chica, concretamente la compañera de trabajo y sobrina del dueño del taller, le pegase con aquella cosa en la espalda, casi matándolo. Pudo haberlo hecho, pero no. Aun así, el joven rapado se quedó con su cara, y decidió vengarse de aquella chica. Ella nunca debió meterse por medio. Aquello le fastidió, y por eso la odiaba con todas sus fuerzas. Ni siquiera se fijó en si estaba buena o no. Solo quería hacer una cosa. Arrancarle esa melena castaña de su cuero cabelluda y dejarla tan calva o incluso más que él. Pues así sabría con quien se había metido ella, cuando no debería ni haberse acercado. Porque él destrozó parte del taller, pero fue por rabia de que aquél chico le traicionase. Casualmente en ese taller trabajaba ella también, y mira, por desgracia tuvo que aguantar la ira de Ankêr. Que poca no fue la que desató. Se sentía humillado. Se sentía muy mal porque pensó que aquél chico era su amigo. Un amigo en quien confiar. Pero no. Él mancilló la amistad que tenían por su afán de avaricia. Porque podía ser muy buen mecánico y trabajador, pero en lo que se refería a amistad, no era igual.


Habían pasado días. Incluso meses. Todo había vuelto a la normalidad, menos el orgullo de Ankêr. Ese estaba bastante herido a causa de aquél palo por la espalda que la chica le atizó. Aquella mañana, en el rincón de siempre, mientras fumaba unos canutos con sus amigos, les explicó lo ocurrido con el chaval aquél y con lo que pasó en el taller. Parecían tener una conversación trivial. Algo sin importancia a juzgar por el tono que empleaban. Pero en realidad, todos sentían lo mismo que su compañero. Rabia. Esa rabia que crecía a medida que Ankêr explicaba. Y entonces, a uno se le ocurrió algo. Hacer una visita de cortesía a la joven de cabello castaño. Aquella misma que se encontraba trabajando duro en el mismo taller donde se había desatado el caos. El rapado los miró, y no pudo menos que darles un sí y una sonrisa amplia. Maliciosa y calculadora. No pretendía ser muy bruto con ella, pero si las cosas se ponían feas, cambiaria de idea. Quería asustarla. Quería poder saborear el miedo en sus ojos. Necesitaba curar aquella pequeña herida en su orgullo de tío duro. Le importaba una mierda si ella aquél día lo llevaba a cuestas. Iba a joderle la noche. Porque él sabía donde encontrarla. Y sabía sus horarios. Porque todo estaba calculado, pero solo necesitó aquél empujoncito de su amigo para poder entonces decir “Ahora es el momento.”. Ella lo pagaría caro, porque a él no se le jodía de aquella manera. Y menos una chica.

Así que aquella noche, aparcaron el coche a dos calles más debajo del taller mecánico. Se bajaron él y otro más, ya que el tercero quiso quedarse guardando el auto. Ya antes de salir, se habían chutado una ralla de coca para ir más sueltos. Aunque aquello, solo agravaba la situación. Ambos con pasamontañas, se acercaron a su objetivo. Iban a darle el susto de su vida. Eso estaba más que claro. Según ellos solo era una pequeña visita. Pero iba a ser más que eso. Iba a ser un gran subidón para ellos, sobretodo para Ankêr, y una pesadilla para ella. Al llegar, vieron las luces del garaje encendidas. Divisaron a la chica trabajando duramente. Ankêr compuso una mueca de desagrado, y dándole un toque de atención a su amigo con el codo en las cotillas, le avisó de que era ella. – Silencio. – le dijo a su amigo en un susurro. Con mucho cuidado, lograron entrar, pero su compañero, por culpa del ciego que llevaba, le dio una patada sin querer a una cosa que había el suelo, provocando que la muchacha saliese a ver que pasaba. Ellos aprovecharon entonces para esconderse. – Joder, tío, ten más cuidado ¿Quieres? – le espetó dándole un collejón. – Necesito que la agarres, ahora que está de espaldas. Intenta que no se escape y que no grite. – le explicó. Su amigo puso cara de no comprender nada. - Quiero hablar con ella antes. – el colega asintió, y salió entonces a cazar a su presa, cogiéndola por los brazos, para inmovilizarla. Ankêr salió de las sombras donde estaba escondido, con cara de sádico a causa de la sonrisa que se le dibujaba en el rostro, aunque tapado por el pasamontañas. – Buenas noches. - parecía un león hambriento, y ella su presa.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Sáb Mayo 05, 2012 3:19 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 21:47 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Por muchas vueltas que le diera al asunto, estaba demasiado cansada ya. Demasiado rato trabajando en lo mismo sin darse un mínimo respiro. Ni siquiera la coca cola que tenía entre las manos lograba aliviarle esa especie de zumbido pesado y molesto que se había instalado en su cerebro cómo un inquilino permanente. Un ocupa. Quizás ella tuviera que serlo algún día, por el camino que iba. Casi no llegaba a fin de mes, y menos después de lo que sucedió con el taller. Aquel destrozo por culpa de un vándalo les costó más de mil euros, y eso contando gastos mínimos. Aún así, seguía trabajando duro. Le gustaba entretenerse con aquel tipo de cosas, se sentía mucho mejor que tratando con personas. No era alguien a quién se viese mucho saliendo con... Su madre. Por que no tenía amigos algunos. Y nunca, nunca había ido a una fiesta. Triste, ¿no? Teniendo ventidós años ya, era penoso decir aquello. Suspiró ligeramente por lo bajo, y dio otro trago al refresco notando cómo el gas le quemaba el esófago durante un par de segundos. Se le cerraban sólos los ojos. Aquello le iría bien para despejarse un poco, estaba ciertamente amodorrada. Y eso que todavía no eran ni las diez. Se frotó un ojo con los nudillos, pensando que quizás lo mejor sería dejarlo ya y terminar al día siguiente por la mañana. Debería bastar si madrugaba y se levantaba cómo mucho a las siete, para tenerlo listo a las diez. Antes, lo dudaba. Y sí, cómo siempre, era la rarita que se levantaba temprano por voluntad propia, incluso los fines de semana.

Debía ser que estaba loca, por que le parecía oír ruidos fuera pero no veía absolutamente nada. Sí, era el cansancio que le estaba jugando una mala pasada, seguro. Se encogió ligeramente de hombros y empezó a dejar cosas encima de la tabla de madera de más de tres metros de largo dónde solía dejar las herramientas que más usaba. Total, ¿quién iba a entrar en un taller cómo aquel, y a tales horas, cuando ya todos se habían encerrado en sus casas a cenar o ver la televisión? La tenue luz que alumbraba desde el techo no daba para demasiado, pero la que tenía encima de la mesa era más potente y la solía usar cuando el sol se escondía detrás de las montañas. Aquella misma fue la que apagó, dejando un ambiente agradable en el garaje, de tranquilidad y paz. Ni siquiera podía imaginarse lo que iba a suceder, pero sucedió. Notó de repente unas manos que la agarraban férreamente por los brazos. Empezó a removerse, pataleando, agitándose, tratando de liberarse de quién fuese su súbito agresor. Las manos del hombre resbalaban por culpa del aceite que le había llegado a salpicar los brazos.— ¡Suéltame!¡Suéltame!¡Socorro, ayuda!— gritaba Wâsh, logrando pegarle un codazo al chaval en el abdomen que pareció dolerle lo suyo. Pero su fuerza era mucho menor, y terminó por agarrarla férreamente con una amenaza clara. Si se le ocurría volver a gritar le arrancaría la lengua con unas tenazas. Ante tal amenaza, la castaña cerró la boca mordiéndose el labio con fuerza. ¿Qué estaba sucediendo allí? No había hecho nada malo. Pero, ¿había venido sólo aquel tío? No, estaba claro que no, y no tardó en adivinar que estaba en lo cierto.

Una segunda persona hizo acto de presencia. También con un pasamontañas, irreconocible. Escuchó sus palabras, y algo en su mente le dijo que esa voz le sonaba bastante. Pero no lograba conectar el hilo que le llevaría a adivinar quién se escondía bajo el pasamontañas. Podía ser cualquiera. Miles de clientes pasaban cada día por el taller, y ella los atendía a casi todos. ¿Alguien a quién le habían hecho algo? No. Ellos siempre hacían un trabajo impecable. Siempre. Entonces no entendía de qué iba todo aquello. Le daba vueltas la cabeza, mientras observaba al segundo susodicho, al intruso. La tenue luz del lugar tampoco le permitía adivinar los rasgos del chaval bajo la negra tela. No podía negarlo, la joven Wâshington estaba asustada ante tan repentina entrada, y súbita retención contra su voluntad. Pero logró sacar palabras del corazón para hablar.— E-está bien... Co-coged lo que queráis y ma-marchaos. Pero no tenemos caja fuerte ni dinero aquí.— una respuesta más absurda no podía haber dado. Pensaba llamar a la policía. El móvil estaba en su bolsillo, sí, pero no tenía manos para cogerlo. Los brazos que la agarraban lo hacían de tal forma que no fuese capaz de alcanzar el bolsillo del peto, dónde además guardaba una llave inglesa. La misma con la que había golpeado a un muchacho una noche, y en la que casi podía ver la sangre pegada y seca todavía. Ugh, se le pusieron los pelos de punta al recordarlo. Pero, joder. El corazón le iba a mil por hora. Pensaba que se le iba a salir por la boca. Y el único sonido que ahora rompía el silencio en el taller era la lata de coca cola que se le había caído, derramando el contenido por el suelo, y que ahora rodaba lentamente hasta detenerse un metro más allá.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Sáb Mayo 05, 2012 4:07 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:00 PM

Aquél era su maldito momento. Su glorioso momento, que coño. Iba a hacerle pagar por aquél golpe de la última vez. ¿Quién se creía esa niñata de mierda para darle por la espalda a traición? Podía haberle partido la columna. Podría haberle matado. Y si las drogas no lo habían hecho ya, además de unas cuantas peleas callejeras con navajas suizas… ella tampoco tenía derecho a intentar acabar con su vida. No era asunto suyo lo que pasó con el otro tipo. Nunca fue de su incumbencia, y aun así ella se había metido de lleno en la pelea que mantuvieron aquellos dos aquella noche. Aquello le repateaba por dentro, y no le gustaba sentir su orgullo varonil herido. Antes de salir de su escondite, esperó a que su amigo hiciese el trabajo que le había encomendado segundos antes. Sus ojos, aquellos que no estaban tapados por el pasamontañas negro, algo viejo y con pequeñas bolitas, miraban la escena con suma atención. Solo apartó la mirada de su amigo para posarla en los firmes glúteos de la joven mecánica. Buena estaba, de eso no había duda alguna. Se relamió el labio superior, pues su boca tampoco estaba cubierta por la prenda de lana. Aguantó el aire cuando su colega consiguió acercarse a la chica cogerla por los brazos tal y como esperaba que ocurriese para entonces darle vía libre a él. Le gustó verla sufrir. Le encantaba sus gritos, pues en esos instantes, para él, eran como música celestial. El codazo que ella le dio a su amigo le dolió a él también. Tenía agallas aquella furcia. Muchas para su agrado. Frunció el ceño juntando ambas cejas, y resopló. La amenaza de Jonah, pues así se llamaba su compañero, hizo que ella se mordiese la lengua, acallando aquellos gritos los cuales podían haber despertado a todo un vecindario. Aun así, esperaba que nadie se hubiese dado cuenta de aquello.

No desdibujó aquella sonrisa de sus labios agrietados y carentes de color, fruto de las drogas que pasaban por su cuerpo cada semana. Incluso a veces, cada día. La tenue luz y ellos, eran los únicos testigos de aquella escena sacada de una película de acción y terror. Esto último para la morena. Sus ojos no hablaban más que el idioma del miedo, mientras que los de Ankêr se divertían de lo lindo viéndola en ese estado de vulnerabilidad casi absoluta. No era de pegar a las féminas, pero cuando le tocaban de esa manera la moral, entonces podía convertirse en una bestia parda sin pensarlo dos veces. La ralla de coca que se había metido antes, también hacia ese efecto en él. Automáticamente, sorbió por la nariz, y con el dorso de la mano se la rascó. Algo que hacían mucho los drogadictos para comprobar si nada caía de ella, pues cuando te metías coca la nariz acababa por quedar casi inutilizada. Era algo muy frecuente en todos los cocainómanos aquél gesto repetitivo. Se alegró de que Jonah fuese un tipo con buena complexión. Era alto, más que él, y tenía brazos de brazos, aunque algo tonto si era. Pero muy servicial, y por eso mismo Ankêr lo había elegido a él para que le acompañase. – Cállate, joder. – le espetó de pronto cuando ella le suplicó que cogiesen lo que quisieran y se marchasen de allí. – Nadie ha pedido tu estúpida suplica. – su voz sonaba molesta. Al acercarse, notó como la planta de su bota, se empapaba ligeramente con la Coca-Cola que había en la lata que ahora estaba en el suelo.

-¿Sabes por casualidad porque hemos venido a visitarte? – preguntó con cierto sarcasmo en la voz. - ¿No te acuerdas de mí? – no, ella no se acordaba de él porque iba con el pasamontañas. Se acercó a ella, lo suficiente como para respirar el mismo aire que ella respiraba. Oía su respiración entrecortada y acelerada. Eso le gustaba. Se acercó a su oído, inclinándose un poco, y cuando sus labios rozaron el lóbulo de su oído izquierdo, despegó los labios de nuevo. – Te haré recordar. De veras que lo voy a hacer. – se apartó y fue entonces cuando su mano impacto contra la mejilla de ella, girándola el rostro hacia el otro lado, y dejándole la marca de la palma bien marcada. Su amigo se quedó a cuadros, pues no se lo esperaba, ya que tampoco habían planeado mucho más. Ankêr se quitó el pasamontañas, y su amigo pareció medio descomponerse, ya que aquello había sido una imprudencia demasiado impulsiva. – Hola de nuevo. – una sonrisa maliciosa cruzó sus labios.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Sáb Mayo 05, 2012 5:34 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:00 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
No se podía creer lo que estaba sucediendo. Simplemente, su cabeza no era capaz de procesar tanta información en un momento de shock cómo el que estaba teniendo. De tanto en tanto se revolvía contra el fortachón que tenía detrás, pero notaba su férreo agarre por encima del pecho y su respiración pesada revolviéndole el pelo con cada expiración que daba. Por desgracia, Wâsh era bastante bajita y la mayoría de la gente le pasaba una cabeza o más. Lo que también quería decir que tenía menos fuerza, y en aquel tipo de situaciones era en las que se veía realmente apurada. ¿Qué podía hacer? No iba a quedarse de brazos cruzados. Un sentimiento de impotencia se instauró lentamente en su pecho, al ver que era una enclenque y que, aparte de arreglar coches y motos, no podía hacer muchas cosas más. Exacto, era una inútil, cómo siempre había pensado. Agachó la cabeza durante unos instantes, observando el suelo, mirando la lata de Coca-Cola y frunciendo ligeramente el ceño. Maldita fuese su suerte. Apretó los labios con fuerza cuando escuchó la voz del otro chico, el que tenía en frente. Parecía un tanto molesto, cabreado. Y Wâshington no dejaba de preguntarse si sería un cliente mal atendido, o algo semejante. Tenía que ser eso, ¿verdad? No conseguía formular otra explicación que esa. Ni se le pasaba por la cabeza que pudiese ser el mismo chico al que había atizado meses atrás en la espalda cuando vino a por su compañero de trabajo. Aquel que ya no había vuelto a pisar el taller después del incidente. Al igual que el vándalo. Nunca lo había vuelto a ver.

Terror. Era la palabra más adecuada para ella en ese momento. Se quedó muda ante las contestaciones que le estaba lanzando, tan bruscas, tan llenas de... ¿Rencor? No comprendía. Negó lentamente con la cabeza cuando le preguntó si sabía por qué habían ido a visitarla.— No lo sé. No te conozco.— dijo, notando cómo le temblaba ligeramente el labio. No iba a echarse a llorar, no delante de aquellos dos psicópatas con pasamontañas que les dejaban el rostro oculto. Sólo podía ver en el chico que tenía delante unos ojos fríos y divertidos, y una sonrisa de lo más macabra y retorcida. Miedo. Le daba miedo. Trató de echarse hacia atrás cuando vio cómo él se acercaba. Empujó con todo su peso sobre sus talones, pero no logró moverse ni un centímetro. Sólo pudo girar el rostro hacia el otro lado y morderse el labio con fuerza. ¿Hacerla recordar?¿El qué? Empezaba a pensar que quizás estuviese en una pesadilla. Pero entonces, ¿por qué sintió tal dolor cuando la golpeó? El golpe se escuchó por todo el taller, rebotando en las paredes silenciosas, rompiendo la tranquilidad del lugar. Notaba la sangre latiéndole fuertemente allí dónde había recibido el manotazo. Estaba segura de que aquello iba a dejarle marca durante un par o tres días. Aunque seguro que nadie le preguntaba que qué le había sucedido. A todos les daba completamente igual. Cómo si un día aparecía con una pierna de menos, o algo semejante. Les importaba un pepino. Pero quería saber qué pecado habría hecho para estar sufriendo ese martirio. Notó al chaval que tenía detrás ponerse algo tenso cuando el chico de ojos fríos y labios marchitos plantó su enorme mano en la cara de la castaña.— ¡Ay!¡Basta!— se quejó, cerrando los ojos con fuerza y encogiéndose ligeramente. No dejaría que nadie la metiese una paliza sin decir ni mu.

Sin embargo, el mayor shock fue cuando se quitó el pasamontañas. No podía confundirlo, no podía estar confundiéndolo. Era él. ¿Cómo podía ser? Aquella noche tenía que ir demasiado ciego cómo para acordarse siquiera de quién era. No se lo podía imaginar, y menos que la visitaría a las tantas de la noche y tendría los huevos de hacer algo cómo aquello. Era un cobarde. Un gran cobarde. Pero Wâsh nunca se atrevería a decir aquello mientras estuviese amenazada, y ahora se sentía más en peligro que nunca. Se puso histérica cuando vio su sonrisa, esa sonrisa tan maliciosa que no auguraba nada bueno.— ¡No! Suéltame, suéltame, ¡por favor!¡Por favor, te lo pagaré cómo quieras!— empezó a retorcerse y a patalear. Alcanzó a pegarle una patada en la espinilla con el pie, devolviéndole el golpe que le acababa de dar a la muchacha en la cara. Intentaba escurrirse de alguna forma de entre las fuertes manos que la estaban sujetándola, dejándola totalmente expuesta e indefensa ante los fuertes puños de un chico encolerizado por el pasado.— ¡Me arrepiento!— dijo, aunque cualquiera diría que no era así por la patada que acababa de pegarle. Lo que no entendía era cómo tenía las agallas para pegar a una mujer en dichas condiciones, pero ahora cundía más la necesidad de salvar la vida que otra cosa. En cuanto se soltara llamaría a la policía. ¡Eso!— Llamaré a la policía, ¡te denunciaré si haces algo!— obviamente, se había vuelto loca. Sí, podían llamarla cobarde, pero era capaz de hacer cualquier cosa para salir con vida. Incluso volver a atizarle a él y a su amigo en la cabeza con la llave inglesa y dejarlos KO si hacía falta.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Sáb Mayo 05, 2012 6:08 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

Aun sentía la palma de su mano caliente por aquél guantazo que le había soltado a la morena. No sabía su nombre, pero si se había quedado con su cara grabada en la mente. Aquél uniforme que llevaba puesto no le favorecía mucho, pensó Ankêr. Sus ojos le dieron tal repaso, que cualquier podía haberse dado cuenta de ese detalle. El joven se estaba comportando de una forma que pocas veces lo hacía ante una mujer. Pero en su fuero interno, algo en él, le impulsaba a ser así con ella. ¿Por qué? Su bipolaridad, su latente esquizofrenia. Eso era, tal vez. Y todo por culpa de las drogas. ¿Cuándo acabaría aquella pesadilla? ¿Cuándo? Tal vez nunca, no si él seguía yendo por aquél turbulento camino de pesadillas. Parecía ser realmente tarde para parar todo aquello, como lo de parar de pegarle a una muchacha la cual no podía defenderse para nada al tener aquellos brazos de Jonah aguantándola. Inmovilizándola para que no se moviese ni un solo centímetro. Pero su colega parecía comenzar a cansarse de aquella situación. Y se lo iba a hacer saber. – Eh tío… ya es suficiente. – le dijo cuando Ankêr miró a la morena con aquellos ojos inyectados en sangre a causa de la cólera que recorría cada vena de su cuerpo. Se estaba calentando demasiado, y Jonah, pese a ir tan ciego como él, sabía de sobras que aquello ya no tenía gracia, y menos cuando ella les amenazó con llamar a la policía. El rapado no tenía intención de matarla. Por lo que si escapaban, ella haría lo posible para que los atrapasen y los encarcelaran. Porque cuando quiso darse cuenta, ya no tenía el pasamontañas negro cubriendo su chupado y cetrino rostro. Maldición, espetó en su mente. Las drogas le pasaban malas jugadas, como aquella. Se olvidaba de lo que debía hacer y lo que no. Del bien y del mal.

La patada que le propinó la muchacha en la espinilla, le dolió y consiguió cabrearle más. Fue a darle otro guantazo, cuando a mitad de camino se paró en secó. Puso una mueca de asco hacia aquella chica, mirándola despectivamente. – Puta, vuelve a tocarme y te arranco los ojos con los dedos. – le amenazó sin preámbulos. No se cortó a la hora de decirle nada. No iba a ser el tío enrollado de siempre, porque no estaba para eso. Y porque aquella tipa cada vez le caía menos en gracia. ¿Cómo se atrevía a hacerle aquello aun estando indefensa? Se arriesgaba en vano, pues si Jonah no la soltaba, nada de aquello podía hacerla escapar. – Vas a llamar a tu puta madre. – siseó. Lo que vino después no lo esperaba nadie. Esas cosas en pleno centro no solían pasar, pero aquella noche se habían puesto de acuerdo para que todo pasase en aquél taller mecánico. Ankêr estaba de espaldas a la entrada del taller, mientras que su colega y la morena estaban mirando hacia ella. Unos tíos entraron entonces, y a juzgar por sus pintas no tenían un pelo de tontos, además de que no habían entrado para hacer amigos precisamente. Esa gente no era amigable. Eran puros gamberros. Maleantes. ¿Qué querían? Necesitaban un coche. Habían estado merodeando por allí días antes, y habían divisado un coche que les vendría de perlas para sus cosas. Como Ankêr y su amigo, habían decidido actuar aquella noche. Ellos tampoco esperaban ver aquella escena. Pasó todo realmente rápido. Jonah soltó a la chica, cuando uno de esos tipos sacó una pistola preso del miedo al ver lo que sucedía allí dentro. Creyendo que Ankêr y su amigo iban armados también, disparo el arma. Jonah recibió un disparo en la sien, lo cual le hizo desplomarse en el suelo muerto. Ankêr cogió de la mano a Wâsh, tirando de ella para correr como alma lleva el diablo. Al salir de allí se oyeron dos disparos más y gritos, además de ellos corriendo.

Ankêr y Wâsh se perdieron en un callejón, pudieron esconderse de aquellos tipos. No estaban muy lejos del taller mecánico, pero si a salvo. Ankêr sitió un dolor agudo y horrible en su costado derecho, y al tocarlo con su mano, notó líquido. Entonces comprendió que uno de esos tiros, había ido hacia él ni más ni menos. No parecía grave. Pero su lo suficiente como para dejarle un par de horas sin sentido, aunque él intentó resistir. – J-joder… - dejó escapar con el corazón latiéndole a mil. ¿Por qué esa noche? ¿Por qué á él? ¿Eso era el karma del que todos solían hablar? – Jonah… - notó un nudo en la garganta al recordar como su amigo se desplomaba en el suelo, muerto. Aquello nunca era bien recibido en la vida de nadie. Más tratándose de un buen amigo como él lo era, o mejor dicho, lo fue.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Dom Mayo 06, 2012 4:41 am




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:00 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Los sucesos tenían lugar con demasiada rapidez. Sinceramente, Wâsh empezaba a pensar que de aquella noche no saldría andando, sino en una ambulancia. Tenía que ir con más cuidado si no quería terminar con algo roto, o peor, muerta. Quizás fuese un tanto drástica, pero los ojos inyectados en sangre del pelón no le transmitían buenas vibraciones que se pudiese decir. Todo lo contrario, y casi pudo ver de nuevo la palma de su mano golpeándola, por segunda vez consecutiva. Por suerte se detuvo a medio camino. Odiaba no poder hacer nada. Y más cuando sentía el miedo emanando de su cuerpo, segura de que ambos muchachos podrían olerlo a un kilómetro de distancia. Pero no sólo eso fue lo que sintió, también asco al ver cómo la miraba. Quería desaparecer, hacerse invisible, cómo la mayoría del tiempo de su vida.— Eres un cobarde.— masculló, con la cabeza gacha. No se atrevía a mirarle a los ojos, por temor a lo que podía ver en ellos. Parecía que quisiera arrancarle la cabeza en un momento u otro, y eso le producía escalofríos. Se estremeció. Aunque cierta sorpresa recorrió su mente cuando el chico que la sujetaba lo detuvo, alegando que era suficiente. Sí, sin duda, confiaba más en él que en Ankêr. Al menos su intervención había logrado salvarla de otro golpe, aunque con una amenaza incluída. No pudo evitar sentir cierta satisfacción al saber que la patada que le había endiñado, por lo menos le había hecho daño. Estaba a punto de pegarle un pisotón al tipejo que la tenía sujeta y salir corriendo cuando su mirada se distrajo, dirigida hacia otra súbita intrusión en el taller.

— ¿Amigos tuyos...?— murmuró en voz baja, con un hilillo tan fino que posiblemente fue la única que lo escuchó. Aunque algo le decía que no, que estos venían por otra razón muy distinta. ¿Qué estaba sucediendo aquella noche? Se habían puesto todos de acuerdo para actuar, o algo parecido. O eso o le estaban gastando una broma realmente pesada. No se lo perdonaría en toda su vida de ser así. Se había quedado con la cara de todos, incluso de los que acababan de pisar el taller. Era lo bueno de tener una gran memória fotográfica. Sin embargo, cuando vio cómo uno de ellos sacaba un arma, el corazón se le aceleró hasta tal punto que creyó que iba a estallarle. Casi podía verse reflejada a si misma, con el rostro pálido y las pupilas dilatadas hasta que casi no se le veía el iris por el miedo al escuchar el disparo. La sangre que emergió de la sien del muchacho que ahora caía muerto en al suelo le salpicó la cara, pero ni siquiera eso hizo que pudiese moverse. Se había quedado allí, de pie, sin hacer absolutamente nada. Estaba en estado de shock. Había un puto muerto en el suelo del taller. Antes siquiera de poder abrir la boca, se vio corriendo, su mano era estirada hacia adelante por el chico sin pelo en la cabeza. Las piernas, las sentía flácidas. Sin vida. Por suerte no corrieron demasiado lejos, sólo lo suficiente cómo para esconderse en un sitio seguro. Podía escuchar lo que sucedía en el taller desde allí. Los disparos la asustaron, pero todavía más los gritos. Alguien había salido al exterior, acechando. Había dos testigos. Wâsh se apoyó en la pared con una mano, sin poder creerse todo aquello.

— Ha-Ha-Hay un muerto en el taller...— susurró, mirando al suelo con los ojos cómo platos. Veía puntitos rojos que posiblemente no estuvieran allí en realidad. Le temblaba el cuerpo, estaba claro que la muchacha estaba a un sólo pelo de la histeria total. Y sólo le hizo falta mirar a Ankêr cuando se quejó y ver la sangre brotando de una herida de bala para estallar.— Y estás herido... Sangre. Sangre... ¡SOCORRO!— chilló. No sabía por qué lo decía, si por estar con el hombre que la había agredido, por el hecho de que ahora estuviese herido o por el súbito asalto con asesinato a su taller. Realmente, no le importaba nada. Ni que les encontrasen atraídos por los gritos, ni que le pegaran un tiro en la cabeza. Simplemente se puso a gritar a pleno pulmón, un chillido agudo que logró atraer la atención de uno de los atracadores que intentaban forzar la puerta de uno de los coches que estaban aparcados allí. Sí, después de aquella noche Wâsh necesitaría terapia, una de las buenas. Su cerebro estaba agotado, pronto los gritos que estaba pegando y que podían despertar a todo el vecindario se convirtieron en llanto. Si ya de por sí no era suficientemente desgraciada, había que sumarle a la lista todo lo que estaba pasándole. Había visto morir a una persona delante de sus ojos. Las gotitas de sangre se le estaban secando sobre la cara mezcladas con las lágrimas que le resbalaban de los ojos. Digamos que se había olvidado completamente de que no estaba sola, y de que era posible que en un minuto aproximadamente los encontrasen para encargarse de que dejaran de respirar para siempre.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Dom Mayo 06, 2012 10:43 am



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

Oía sus propios latidos golpear su cabeza con fuerza, mientras el dolor y la sangre emanaban de su herida, no muy profunda. Dio gracias al cielo de que aquella bala no hubiese entrado en su cuerpo, pues podía haberle reventado por dentro en segundos, dejándole sin vida al instante, como le había pasado a su compañero, el cual ahora yacía en el suelo ensangrentado del taller mecánico. Dios… Jonah estaba muerto. Jodidamente muerto, y para colmo, sin saber porque, había salvado a aquella chica. Lo cierto es que él era un buen tío, y de hecho, Ankêr no solía ser así de agresivo con nadie. Pero ella le había agredido, y más para intentar matarle que otra cosa. Lo cierto es que seguía odiándola, pero su corazón, más que su conciencia, le había impulsado a salvarla. A sacarla de aquella locura, antes de que cayese igual de rígida y sin vida al suelo, como le había pasado a Jonah. Su mano aguantaba el costado, notando como la sangre empapaba su camiseta blanca, rasgada por ambos costados, y enseñando su cuerpo delgado, aunque aun fibrado. De repente, ella comenzó a gritar, y Ankêr, con suma rapidez, le tapó la boca con la mano, presionando sobre ella para que acallara aquellos gritos que bien podía delatarles. – Cállate, joder… - susurró. – Te oirán y entonces no solo sangraré yo. Pues tú también acabarás muerta en el suelo como… como, Jonah, joder. – le avisó de lo que podía pasar si seguía gritando. Unos perros vecinos, comenzaron a aullar a lo lejos. Lo mas seguro es que medio barrio hubiese oído los disparos y los gritos. Aunque de momento las sirenas de policía no se escuchaban.

Rezaba para que aquellos tipos no les hubiesen oído. Rezaba para salir vivo de aquella pesadilla, en la que seguramente se habría encontrado su madre al morir en aquél tiroteo veinte años atrás. Una de esas balas que se dispararon, mató a su madre, quitándola la vida, y quitándole tiempo de conocer a sus hijos. De crecer junto a ellos. Esa misma bala que había arruinado la vida de Ankêr. Porque muy poca gente sabía de su vida, ya que era un chico bastante reservado, e intentaba no hacerse la victima, ya que eso no iba con él. Pero los que si sabían de su vida, sabían también el porqué de su adicción a las drogas. Podían incluso llegar a comprenderlo, aunque no fuese algo lógico, ni mucho menos, saludable. Y ahora, él se encontraba también en uno de aquellos tiroteos que pasaban cada cinco años en esas calles. Fuesen delincuentes juveniles, o fuesen los mismos de la mafia rusa. Wâsh, calló, y él retiró la mano de su boca, pero entonces, comenzaron los llantos. El rapado no hizo más que poner los ojos en blanco. ¿Enserio tenía que ponerse a llorar ahora? ¿De verdad? – Las lagrimas no nos van a sacar de aquí, tía. – le espetó malhumorado. En su rostro, se podía apreciar el dolor de la herida, y la perdida de color de su rostro. Estaba blanco, y las ojeras estaban mucho más marcadas que de costumbre. – Tenemos que salir de aquí… - le dijo con la voz ronca. Pero cuando quiso mirar, oyó un motor de coche. Eran aquellos tipos. Aquellos locos que habían robado un coche y estaban saliendo por patas por si la policía llegaba y los trincaba.

- C-creo que se van… - no podía articular muy bien las palabras preso del dolor y el mareo. Pero aun, sus sentidos seguían vivos. Podía dejarla allí. Podía intentar llegar al coche en donde habían venido él y Jonah, y donde estaría esperando su otro compañero. – Voy a… voy a echar un vistazo – notaba la vista cansada, pero pudo llegar hasta la esquina y mirar. Allí ya no había nadie. Se habían marchado. Pensó en Jonah, y entonces de nuevo le vino la imagen de su amigo cayendo de golpe al suelo. Así que salió del callejón, y caminó hacia el taller, aun agarrándose el costado. Esa herida podría no ser muy profunda, pero si lo suficiente como para que no dejase de sangrar a no ser que alguien se la curase. El entrar de nuevo al taller mecánico, vio que no había nada más que los coches y el propio taller. Su amigo no estaba por ningún lado, y como él sabía de aquello, se imaginó que se lo habían llevado para no dejar pruebas de balas allí. – ¡Hijos de puta! – exclamó haciendo una mueca de dolor. – No… joder… mierda… - no podía decir nada más. Le dolía que ellos se hubiesen llevado a su amigo. Uno de sus buenos amigos y compañeros. Dios… esa noche estaba saliendo muy cara. Y él solo había ido a meterle miedo a la chica. Solo eso, pero el karma se hizo presente para castigarles. Tuvo entonces que apoyarse en el capó de un coche que estaba en reparación, al notar cierto mareo.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Dom Mayo 06, 2012 12:26 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:10 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Tenía que tranquilzarse. Pero era complicado hacerlo en la situación en la que estaban. Aquello sólo sucedía en las películas, no en la realidad. Ella había visto un montón de esas policíacas, dónde mataban a alguien y después los detectives investigaban el caso hasta encontrar al culpable. Pero, ¿y si la incriminaban a ella de haber matado al tal Jonah? Al fin y al cabo la sangre había manchado el suelo del taller de una forma que no se podía disimular. No quería ir a la cárcel, era demasiado joven. Respiró hondo, pensar en que tendría que cumplir condena no la ayudaba en absoluto, todo lo contrario. Estaba sacando las cosas muy de quicio, pero no era para menos, en realidad. Se llevó las manos a la cabeza, y estuvo tentada a morderle la de Ankêr cuando le tapó la boca para que no gritase más. Pero se contuvo. Sabía que tenía razón, que si no dejaba de pegar chillidos todo se complicaría todavía más. Se sosegó, hasta el punto de que sólo los leves hipidos que le salían desde dentro rompían el silencio que se había instaurado en el barrio. Parecía ser que los delincuentes habían logrado hacerse con un coche y adiós muy buenas. Pero ella sabía cómo eran, tenía sus caras grabadas en fuego en la mente. Y las cosas no quedarían así. A su tío le iba a dar un infarto de enterarse de aquello.— Se han ido.— le estaba costando de llegar a conectar el cerebro con la realidad. Esperó allí de pie mientras veía avanzar al muchacho hasta la esquina del callejón. Seguía teniéndole miedo, él en sí no le producía mucho más que eso, pero las circunstancias habían cambiado.

— ¡Espera, espera, por favor!— avisó, mientras corría detrás suyo. No quería quedarse sola, menos ahora. Notaba un entumecimiento general, y es que se había quedado completamente sin fuerzas. Ni siquiera le quedaba una pizca para enfadarse por nada de lo que había pasado. Y eso que mentalmente le echaba toda la culpa al lisiado que llevaba justo delante de sus narices. Sólo entrar al taller Wâsh revisó cada uno de los rincones. Nada, ni rastro del cuerpo. Se lo habían llevado con ellos para no dejar pruebas incriminatorias. Maldita su gracia. Se pasó las manos por la cara, era cómo si le hubieran metido un chute de una droga fuerte, no lograba pensar con claridad. Según veía, los daños no eran muy graves en cuanto a material. Se habían llevado un coche, pero lo demás lo veía todo en su sitio. Se dio la vuelta en redondo para observar a Ankêr. Estaba pálido cómo una mala cosa y tenía el rostro cómo el de un cadáver. Se estaba desangrando, o algo así. Uno de los dos tenía que estar un poco cuerdo y estaba claro que él no reunía los requisitos para tal cosa. Tenía gracia, ya que era ella la que todavía se estaba recuperando de un repentino ataque de histeria nerviosa. Se acercó hasta allí. Dudaba si golpearle en la cabeza y dejarlo KO o por el contrario cortar la hemorragia. Decidió que lo segundo apremiaba más. No podría vengarse si estaba muerto, eso lo tenía claro.— Túmbate.— le ordenó, señalando el capó del coche. Allí no había sillas ni ninguna camilla, así que habría que apañárselas.— Ya. Y quítate esa camiseta, no sirve para nada.— después se dio la vuelta y desapareció detrás de una puerta. Por suerte, siempre guardaban un botiquín de primeros auxilios. Cortarse con un metal oxidado era peligroso, no estaba de más tenerlo. Con una mano agarró la enorme caja, y con la otra la fregona. Salió y se acercó hasta el herido.

No pudo evitar resoplar ligeramente por lo bajo.— Debería dejar que te murieras aquí mismo.— murmuró por lo bajo, mientras ponía el botiquín sobre la mesa repleta de herramientas y dejaba la fregona apoyada contra el coche. Abrió la caja que tenía una cruz roja en la tapa y empezó a rebuscar entre las cosas que había dentro. Sacó alcohol puro, gasas, aguja e hilo y esparadrapo. Lo cogió todo y se acercó hasta el muchacho.— Si no te curas eso se te van a salir los intestinos por el agujero, así que quiero que te quedes quieto y te aguantes.— le lanzó el trapo que todavía llevaba colgado del bolsillo. Quizás exageraba un pelín, pero bueno.— Si te duele muerde eso.— sacó la llave inglesa, la misma con la que le había golpeado meses atrás, y la dejó sobre la mesa de herramientas antes de volver hasta la zona de operación. Bueno, no era enfermera ni nada parecido, pero había curado varias heridas antes. Bueno, vale. Sólo una. Una vez que su tío se abrió un tajo en la mano cuando intentaba arreglar una pieza de coche oxidada y vieja. Se mordió el labio con fuerza, y agarró el bote de alcohol abriéndolo cómo si fuese una bomba atómica. Le iba a doler, pero disfrutaría con ello. Eso seguro.— Venga. Vamos allá.— estaba haciendo de tripas corazón para no salir corriendo ante tanta sangre aquí y allá.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Dom Mayo 06, 2012 3:42 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

Apoyó medio cuerpo en el capó del coche en el que se había dejado caer ligeramente a causa de todo el cumulo de emociones y el mareo que llevaba encima al estar desangrándose por aquella herida de bala. Ankêr sabía que no moriría por eso, porque no le habían disparado de lleno. Pero necesitaba curársela lo antes posible para no llegar a al extremo de que aquello se infectase. Pues si eso pasaba, si que podría llegar a morir a causa de la infección provocada por la herida. Solo pensarlo se le ponía el vello de punta. No temía a la muerte, pero cuando estabas tan cerca de ella, esos pensamientos como que cambiaban. Se hacían dudosos. Apenas oyó a Wâsh cuando ella gritó solo para llamarle la atención. Al parecer le daba miedo quedarse sola, aunque en esos momentos no era la única. El joven rapado se quedó en esa posición, hasta que ella se acercó a donde se encontraba. Ankêr estaba seguro de que se vengaría. De que le daría otra vez con aquella llave inglesa, pero esta vez en toda la cabeza, para rematarlo de una vez por todas. Sus ojos nublosos vislumbraron su figura enfundada en aquél mono de trabajo lleno de grasa de coche. Cerró los ojos esperando el golpe definitivo, pero en su lugar, le dijo que se deshiciese de la camiseta manchada de sangre que cubría su herida y el resto de su cuerpo. Dicho eso, desapareció para meterse más adentro del garaje, seguramente a buscar algo. Tal y como le pidió se quitó la camiseta, aunque le dolió bastante al levantar los brazos para quitársela. Aquello provocó que dejara escapar un gruñido. Dejó la camiseta en su regazo, mientras se tumbaba en el capó del coche. Al final, le haría caso, aun a pesar de seguir odiándola. Aunque el odio parecía ser mutuo, y con razón. Nunca pretendió hacerle daño de esa forma. Nunca. Y aun así, las drogas hicieron el efecto contrario y no deseado.

- Hazlo. – le apremió cuando ella le dijo que debería dejarle morir allí mismo. En realidad no quería que lo hiciese, pero no iba a dejar de ser el machito de siempre con ella. Porque aunque no le importase que le vieran a veces como era realmente, con ella no quería. No quería que le viese más vulnerable de lo que estaba, pues aun desconfiaba de ella. Ella le lanzó el trapo que llevaba colgado de antes, y él lo cogió al vuelo, mirándolo uno segundos, antes de dirigir la mirada hacia el frente. - ¿Qué coño me vas a hacer? – preguntó alzando una ceja. El sudor de su frente, frío y pegajoso, la bañaba entera. Y por supuesto, eso le daba un aspecto aun más deprimente. Más enfermo. – No pienso morder esto. Esta sucio. – le espetó de malas maneras. Aunque ella quisiera ayudarle, no se lo ponía nada fácil. Pero no el salía ser amable con aquella chica. – La bala no entró, por si aun no te distes cuenta de ese pequeño detalle – le avisó, por si acaso no se había dado cuenta de ello. Miró entonces aquella llave inglesa y pudo ver que tenía unas manchas color marrón algo sospechosas. Seguramente aquella fue la llave con la que ella le atizó. Eso solo el enfureció, pero respiró hondo y no dijo nada. – Sí. Me saldrán las tripas por la boca también, no te jode. – rodó los ojos, y resopló. – Las he pasado peores, créeme. – en parte era verdad, pero por otra no, pues esa vez había perdido a un amigo. Aun así, dejó que ella se acercase, aunque receloso, para que le curase la herida.

Le dolió. No iba a negarlo. Y encima bastante. Pero cuando sus ojos la miraron, pudieron observar que aunque le hiciese daño, no pretendía ser brusca. O eso creyó. También pudo vislumbrar ciertas pecas esparcidas por su rostro. No parecían que fueran a estar siempre ahí, así que creyó que aquello era fruto del sol de verano. Alargó el brazo y la mano del costado bueno, para colocarle un mechón de cabello que se había soltado, y acomodarlo en su oreja. Enseguida apartó la mano de ahí, y miró a la herida, aguantando las ganas quejarse por el dolor. – Me vengaré de esos capullos. – dijo de repente. Un pensamiento que compartió con ella, pues sentía la bilis subirle hacia al garganta, aunque esta se paraba y bajaba de nuevo. Habían matado a Jonah. Delante de sus propios ojos. Y aun no era capaz de creérselo. No por llorar era débil, al contrario, y pro eso mismo una lágrima intentó escapar de sus ojos. Pero se quedó en ellos al final. – Maldición… - apretó los dientes y ambos puños.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Dom Mayo 06, 2012 5:04 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:15 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
No le entraba en el coco una razón por la que hacer aquello. Debería haberlo dejado allí, pudriéndose en medio de la calle hasta desangrarse. Pero su corazón no era tan frío, no era capaz de hacer algo semejante por mucho que pudiese haberle dado el guantazo del siglo. No. Era exactamente por eso por lo que estaba ordenando las cosas encima del capó del coche, lista para actuar. Seguramente pensaba que se había vuelto loca. Tenía que haberse vuelto loca para estar tratándole así, cuando lo que debería haber hecho era abrirle la herida con unas tenazas y dejar que sus intestinos cayesen al suelo cómo un saco muerto. Ugh. Sólo de pensarlo se le ponían los pelos de punta, ella no era así, no sería capaz. Si casi ni soportaba la visión de la sangre. Estaba haciendo un enorme esfuerzo para no caer redonda mientras observaba la herida que tenía frente a las narices. Ignoró por completo su pregunta mientras pasaba el hilo por la aguja. Se lo quedó mirando un instante. Tumbado encima el coche sin la camiseta puesta parecía otro totalmente distinto. Más... Vulnerable. O así lo veía ella. Frunció ligeramente el ceño.— Pues entonces te aguantas.— le espetó, cuando dijo que el trapo estaba sucio. Ella le ofrecía las cosas, si él no quería era otro tema muy distinto. No iba a presionarlo. Tampoco no le importaba. O eso quería pensar. Qué demonios, no le importaba.

Sonrió ligeramente de lado cuando le dijo que se le saldrían las tripas por la boca, mientras negaba con la cabeza. Tenía sentido del humor, eso había que reconocerlo.— Pues yo no las pienso recoger.— murmuró. El silencio y la calma habían vuelto a instaurarse en el taller, trayendo consigo la paz. La castaña suspiró, un suspiro largo y cansado. Sin demorarse más, agarró la botella del alcohol y se lo echó sobre la herida, así a bocajarro. No estaba para tonterías, además, si era un tipo tan duro cómo aparentaba ser aquello no sería más que una pequeña molestia para él. Y si no que no chulease tanto. Se mordió el labio. Pequeñas burbujitas salían de la herida, lo que significaba que los coágulos de la sangre empezaban a acelerar el proceso de curación que estaba llevando a cabo su cuerpo. Sin embargo, se sobresaltó cuando vio cómo extendía la mano. Creyó que iba a pegarla de nuevo, y se retrajo ligeramente hacia atrás instintivamente. Pero él sólo le colocó un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja, dejando a la muchacha totalmente fuera de lugar. Debía tener una cara de sorpresa, cómo un cuadro. Pero no dijo nada. Simplemente siguió con su tarea. Sólo levantó la mirada un instante para observar su rostro pálido. Apretó ligeramente los labios. No parecía estar muy bien, que se pudiese decir. Chasqueó la lengua y cogió la aguja y el hilo.— Más te vale coger ese trapo ahora.— le advertió. Por que le iba a doler, y a base de bien. La muchacha luchaba para no sacar la escasa Coca-Cola que se había tomado cómo cena por la boca.

Wâsh también tuvo que prepararse para lo que venía ahora. Vio cómo apretaba los puños y notó que, bajo la mano que posó en su abdomen para poder mejor la herida, los músculos se tensaban.— Relájate. O te dolerá más de lo que debería.— le pidió, dándole un par de palmaditas ahí mismo dónde tenía la mano posada tranquilamente. El rasguño por suerte era limpio, no habían quedado restos que retirar. No le dejaría marcha alguna.— Tengo que confesar... Que sólo he practicado en coser una vez en mi vida.— tenía que decirlo, por si acaso. Pero no iba a asustarse por algo así, ¿no? Él que era un tío duro. Se detuvo al escuchar lo que decía, y entonces sí que alzó la mirada hacia él y la clavó en sus ojos fríos y violentos.— No podrás vengarte si estás enterrado en un ataúd bajo cinco metros de tierra. Muerto haces menos que vivo todavía. Relájate.— repitió. Y entonces, por fin empezó. Cerró la herida con dos dedos de la mano libre y con la otra empezó a coserle la herida. Se estaba manchando las manos de sangre, pero al menos no era por haber matado a alguien. Se mordió el labio con fuerza, todo el color de su rostro se había esfumado. A ver si al final sería ella la que saldría peor parada.— Terminaré practicando la acupuntura contigo si no te estás un poco más quieto. Y ya te digo que no se me da nada bien. Así que a no ser que seas un masoquista empedernido, te diré una vez más que te calmes. Hazme caso por una vez.— frunció el ceño, concentradísima en lo que estaba haciendo. Se subió al capó para poder trabajar mejor y recordó las lecciones que le daba de pequeña su madre sobre cómo coser los agujeros en los calcetines. Tenía que ser lo mismo. Sí, así era más sencillo.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Dom Mayo 06, 2012 5:52 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

Ahora que todo estaba más o menos tranquilo, podía notar cierta brisa fresca acariciar su cuerpo desnudo ligeramente. Este se colaba por la entrada del garaje sin pedir permiso alguno, como algunos sonidos de la calle. La noche había acabado mal. Ankêr nunca se esperó aquello. Tan solo tenía ganas de llegar a casa y olvidarse de toda esa mierda. ¿Qué iban a decir sus colegas cuando se enterasen de lo de Jonah? Él era el único culpable de que su amigo hubiese muerto. Tal vez, sino hubiese querido vengarse, y no le hubiese traído, aunque él no fuese obligado a ir, no habría pasado aquella tragedia. Podía aun ver como la sangre de su amigo, esa que había emanado de su herida en la frente, aun bañaba el suelo del taller mecánico. El dolor de la herida al entrar en contacto con el alcohol, no era nada comparado con el dolor que sentía en su corazón al haber perdido a un amigo. Se sentía deshecho, aunque ella tal vez no pudiese verlo en sus ojos. Pues se estaba conteniendo las ganas de llorar. De derrumbarse. Aquella lagrima que había querido salir, se quedó tan solo en algo efímero. Ya estaba demasiado expuesto a ella para que encima lo viese derramar lágrimas. Solo le faltaba que ella se burlase de sus sentimientos. No estaba para esas cosas, la verdad. – Ya lo intento. – dijo fríamente. Intentaba relajarse, pero no podía. ¿Cómo iba a relajarse? ¿Eh? Con todo aquello rondando su cabecita no estaba como para calmarse. No podía. Bajó la mirada, cuando ella le dio aquellos golpecitos suaves en su mano para tranquilizarlo. O intentar calmarlo un poco con esa muestra de afecto, que más no podía ser, ya que seguían odiándose. – No hace falta que me des explicaciones. Tú haz lo que tengas que hacer, y saldré de aquí cuanto antes. – le dijo, tragando saliva pues la garganta se le había secado.

- ¿Crees que no lo he pensado? – Y no. No había pensado en que, la venganza, se servía mejor en plato frío y no así en caliente. – Joder… no se quienes son… no tengo ni puta idea de quienes pueden haber sido. Peor me he quedado con sus caras… y cuando me tope con esa gente, juro que no responderé de la mejor manera. – hizo una mueca de asco, pero esta se transformó en dolor, cuando ella comenzó a coser la herida para que no sangrase más. No pudo evitar moverse un poco, pues aquello dolía y escocía como nada antes. – Ten cuidado... duele. – confesó escupiendo las palabras. Pero al final se quedó todo lo quieto que su nerviosismo le dejaba. Y así, ella terminó de cerrarle la herida. Cuando se incorporó para sentarse sobre el capó y apoyar los pies nuevamente en el suelo, se miró entonces, y vio que mal no lo había hecho. – Vaya… mal no lo has hecho, debo reconocerlo. – le dijo, alzando la mirada para posarla en la azulada de ella. Por un momento se perdió en sus orbes, pero luego la bajó rápidamente para centrarse en su herida de guerra. Esa que seguramente en dos semanas o menso estaría curada. - ¿Dónde aprendiste a coser así? – preguntó arrugando el ceño, mientras sus dedos perfilaban la herida cosida. Quitó la mano de allí, y agarró su camiseta manchada de sangre, ahora prácticamente seca. Se mordisqueó los labios, mientras que aquél ciego que llevaba encima, se disipaba más aun. Con el susto, la droga en su interior es como si se hubiese esfumado casi por completo. Aunque aun estaba allí.

- Supongo que debo darte las gracias. – mordió el interior de su mejilla, y pasó su mano por la cabeza rapada. Frotándola. – Y con esto creo que el asunto del otro día queda zanjado. – se levantó, y estuvo a punto de caer hacia atrás, contra el capó del coche en donde habían estado sentados ambos. Aun estaba algo mareado, pero sabía que eso pronto se le pasaría. – Que sepas que aquello fue entre aquél idiota y yo. Y que no pretendía joderte a ti. – aquello parecía sonar a disculpa, aunque no lo era exactamente. ¿No? – No deberías haberte metido... no deberías haberlo hecho - chasqueó la lengua contra el paladar, rememorando el momento del golpe. - Deberías reforzar más la seguridad en este taller. No es seguro. – dijo mientras miraba todo el taller mecánico. Un lugar acogedor, en realidad.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Lun Mayo 07, 2012 10:56 am




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:15 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Había hecho un buen trabajo cosiéndole la herida. Incluso ella lo reconocía. Se quedó observando aquello que había cosido con sus propias manos para asegurarse de que no hubiese ningún agujero por el que pudiese resbalar la sangre de nuevo. Aunque podía volvérsele a abrir la herida si hacía demasiado esfuerzo. La joven castaña se mordió el labio ligeramente, mientras guardaba la aguja y lo que había sobrado del hilo dentro de la caja. Se quedó mirándole y sonrió ligeramente.— El mundo es un pañuelo. Date tiempo, les encontrarás. A mi tampoco me ha hecho gracia lo de esta noche.— y sí, estaba refiriendo a lo que había sido capaz de hacer él. Todavía no llegaba a creerse que la hubiese golpeado. Seguía sintiendo la mejilla hinchada por el golpe. Le había dado bien fuerte, debía estar muy cabreado con ella para llegar hasta ese punto. Pero en cierta forma podía comprenderlo. Que no significaba lo mismo que perdonarle. No, nunca le perdonaría. Debía mucho a aquel taller. Tendría que tenerlo cómo esclavo trabajando allí día y noche, pero sabía que no aceptaría de ninguna forma. Además, ella no era capaz de hacer algo así. Se pasó una mano por el pelo para quitárselo de la cara y se quedó pensativa.— Hace demasiado tiempo cómo para acordarme ya. Quizás fue en otra vida.— comentó, muy seria, mientras se disponía a abrir un paquete de gasas. Una de sus rarezas, nadie la comprendería nunca, en realidad. Vio cómo agarraba esa camiseta fea y manchada de sangre seca y alzó ligeramente las cejas.

— ¿A dónde te crees que vas?— preguntó, escéptica. Se puso delante de él para que no se pudiese mover y le miró, terminando por fruncir el ceño en una expresión de total indignación. Le puso las manos en los hombros y le empujó ligeramente para que se sentase de nuevo en el capó del coche. Si se pensaba que iba a dejar que se marchase así tal cual lo llevaba crudo.— Tú te quedas aquí. En tus condiciones no llegarás ni a la esquina, y menos voy a dejar que conduzcas. Alguien podría morir por tu culpa.— le señaló con un dedo acusador. Era muy fácil que tuviese un accidente en sus condiciones, y eso no era broma. Había perdido mucha sangre, necesitaba reposar aunque fuese durante una noche. Se rascó la nuca pensativa, y mientras tanto cogió un par de gasas y se las puso encima de la herida.— Sujeta ahí.— le cogió la mano y se la puso encima de la blanca tela para que lo aguantase. Después rompió un trozo de esparadrapo con los dientes y se lo enganchó sobre la piel para que las gasas no se cayesen. Así no había peligro de que los puntos que le había dado se cayeran antes de tiempo. Luego ya se los quitaría un médico, o algo así. Después lo guardó todo dentro de la caja y la cerró, girándose hacia él.— Hay un sofá cama en la parte de atrás.— señaló. Lo que quería decir que iba a pasar la noche allí. Y no aceptaría un no por respuesta. No pensaba poner en peligro vidas de otras personas sólo por que el muchacho tenía el capricho de irse a casa en aquel momento.— Y por si te lo preguntas, no es una molestia. Por la mañana te habrás ido, si no quieres que mi tío te mande al hospital definitivamente.— suspiró por lo bajo, no entendía por qué estaba haciendo aquello, de verdad. Quizás por que él se acababa de disculpar a medias por lo sucedido esa noche fatídica que originó las consecuencias de aquella noche.

— ¿Sabes? Me han golpeado, ha muerto un chico delante de mis ojos, me han robado un coche en el que había invertido un montón de dinero que ya no volverá y llevo cinco horas aquí trabajando. Ni siquiera me queda ánimo para responderte.— murmuró cansada.— Vamos, ven.— se dio la vuelta agarrando la caja y se la llevó hacia la parte de atrás de la tienda, esperando que la siguiera. Resopló por lo bajo. De todas formas, no iba a salir de allí esa noche, y se lo hizo saber.— Si te duele de nuevo avísame. Yo me quedaré haciendo cosas.— dijo, colocando a caja en su sitio. Se sentó en la silla del escritorio. Ahora tendría que volver a hacer los números de las cuentas, y pensar que le diría al dueño de aquel coche robado. Tenía miedo de salir. Esa noche, no iba a poner un pie fuera, para nada. Además, le daba miedo quedarse sola. Todavía notaba cómo le temblaban las manos cuando intentó encender la luz de la mesita. Durante unos instantes se quedó totalmente desconectada. Y después levantó la cabeza.— En realidad nunca nos ha hecho falta demasiada seguridad, estamos en una zona tranquila. Además, no llega el presupuesto para instalar puertas reforzadas.— se encogió ligeramente de hombros. Era la cruda realidad. Suspiró de nuevo.— Necesitas descansar.— en realidad, ella también. Debía tener cara de muerta, pero todavía tenía trabajo pendiente.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Lun Mayo 07, 2012 1:16 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

La morena parecía estar más segura de que acabaría encontrándoles y así vengarse por la muerte de su amigo. Pero él no las tenía todas consigo en realidad. Sin embargo, también se aferraba bastante a la esperanza de poder toparse con ellos tarde o temprano. Y esperaba encontrarse rodeado de sus colegas, para darles su merecido. Debía pillar un arma de fuego, si quería ir bien armado. Pues le habían pillado por sorpresa esa noche, sin nada encima con lo que poder defenderse. Eran todos unos cabrones cobardes. Sí, exacto, tal y como él lo había sido antes, cuando no dudó un solo momento en estamparle y dejarle marcado en la mejilla la silueta de sus dedos. Ahora que todo estaba más tranquilo, y su odio profundo se enfocaba a los otros y no a ella, se daba cuenta de que se había pasado bastante. Jonah también lo supo, cuando de nuevo quiso hacerle saber que con su orgullo no se jugaba. Pero las ganas de vengarse, fueron más fuertes en aquél instante, que su propia conciencia. Y mira por donde, el plan le había salido por la culata. Con la camiseta en sus manos, estaba dispuesto a salir de allí de una vez por todas. El otro compañero con el que habían venido, seguramente ya no estaba rondando por allí, ya que sino había aparecido todavía, es que se habría ido a casa. O a saber. Tal vez el sueño había podido con él, y ahora en vez de vigilar y preocuparse por sus colegas, estaba cómodamente en el asiento del conductor durmiendo la mona en los brazos de Morfeo. No era de extrañar, ya que el ciego que llevaban encima, era como para quedarse dormido. A unos les afectaba de una forma y a otros otra.

Ankêr notaba la cabeza ida. Mareado, sería la palabra que podría definir mejor lo que sentía en esos momentos. Pero aun así, se empeñaba en salir de allí. No iba a volver a pisar aquél maldito lugar en su vida. No tenía ganas de volver al taller mecánico por nada del mundo. Nunca se encontró nada bueno allí dentro, y ahora podría corroborarlo por segunda vez. Su pasamontañas seguía en el suelo, aunque esta vez no intacto, pues la sangre de su amigo lo había manchado casi por completo. Se rascó la nariz en un solo movimiento, nuevamente, sorbiendo por esta escandalosamente. Iba a irse, cuando ella se colocó frente a él, impidiéndole el paso. No quería que él se fuese de allí, no en ese estado. – No me jodas, no pienso quedarme aquí ni un jodido minuto más, tía. – le espetó arrugando el ceño y juntando sus cejas. Ella no tenía porque preocuparse de su estado. Es más, debería echarlo a patadas. Debía hacerlo, pues no comprendía como a esas alturas, aun con su mejilla roja, quería que se quedase, aun con la escusa de que si salía y se ponía a conducir, podía matar a alguien por el camino de vuelta a casa. Mik y las dos chicas que vivían con él, tal vez ni se preocuparían, pero no sufría por eso. Sino porque quien sabía lo que podía pasarle estando en aquél sitio, ahora maldito para él. Y seguramente para ella. – Me voy a ca... – pero ni siquiera pudo acabar del todo la frase, cuando ella le hizo sentarse de nuevo sobre el capó del coche sin reparar. Se quedó mirándola, y la siguió con los ojos, para observar lo que hacia. El detalle de taparle la herida, calmó sus ansias de gritarle, y por eso la dejó hacer con tranquilidad.

No sabía porque, pero ya no la odiaba tanto como antes. Sentía la necesidad de disculparse por todo incluso. Pero no lo haría. De hecho, aquellas palabras que había pronunciado antes, eran a modo de disculpa, así que con eso debía bastarle. Se levantó, cuando ella le dijo que la siguiese hacia donde se encontraba aquél sofá cama en el que en teoría dormiría esa noche. – Para ti él no era nadie. Para mí, era un buen amigo. – le comentó, con la voz ronca. Hablar de Jonah le dolía, por muy machito que fuese y por muchas cosas que hubiese vivido a lo largo de su vida. No era la primera vez que un amigo moría frente a él, sin poder hacer nada después. Pero el hecho de que se lo hubiesen llevado… eso si era nuevo. – Así que ahora mismo tampoco podría compadecerte ¿sabes? – tragó saliva de mala gana, y resopló cual caballo. La luz le dio de lleno, y eso le molestó, pero enseguida consiguió acostumbrarse. El lugar parecía incluso más acogedor que su propia habitación. – Tranquila… estoy bien. – mintió. El dolor era otro, y no precisamente el de la herida, aunque ese le escociese un poco, no era tan fuerte como el otro. - ¿Vas a quedarte? – le preguntó. Fue extraño, pero necesitaba que ella se quedase a su lado. No por miedo, sino porque sentía un enorme vacío en el pecho en esos momentos. Si se hubiese ido a casa, seguramente le habría dicho a Red o a Val el dormir juntos, simplemente dormir para sentirse mejor. Pero esa noche la pasaría allí metido, y ella era la única que se encontraba con él en el taller. Se pasó las dos manos por la cara, mientras se sentaba en el sofá cama. Cubrió su rostro con ellas, y fue cuando el bajón golpeó con fuerza su cuerpo. Esta vez, si dejó fluir sus sentimientos, haciéndose más y más pequeño a cada recuerdo que golpeaba su mente. – Yo debería haber estado en el lugar de Jonah – su voz sonaba quebrada, apenas audible. – Yo y no él, joder. -.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Lun Mayo 07, 2012 3:48 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:15 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Vaya. Pues no había sido tan complicado de convencerle de que se quedase aquella noche. Pensaba que tendría que ir hasta su coche y arrancarle un par de cables para que no pudiese encender el motor. Pero parecía ser que él también había terminado entrando en razón por las buenas. Mejor. Por que era la idea del coche o meterle un palazo en la cabeza. Que ganas no le faltaban, sólo energía. Ya le pasaría las cuentas en otro momento. Ahora sólo quería ir a un lugar tranquilo y relajado dónde poder descansar un poco la cabeza. Aunque seguro que esa noche, de descansar habría más bien poco. No podría pegar ojo. Estaba segura de que, al menos por un mes, las pesadillas asolarían cada rincón de su cabeza hasta martirizarla. No era tan fuerte cómo querría. No era una mujer de hierro, ya veces se sentía inútil por ello. Por lo menos había conseguido hacer algo bien aquella noche, aparte de liarla todavía más con sus estúpidos sollozos y gritos. Ahora lo pensaba en frío y se daba cuenta de que les había puesto a ambos en peligro. Y a su tío, también. De haber descubierto un cadáver en el taller lo hubiesen metido de cabeza en la cárcel, posiblemente acusado de asesinato. Uno que no había cometido. La muchacha cogió aire lentamente por la boca, para soltarlo después por la nariz. Necesitaba respirar hondo, si no quería sufrir otro ataque de histeria similar al de antes. Agachó la cabeza, mirándose las manos mientras se hacía crujir los nudillos con nerviosismo.— Supongo que no servirá de nada pero... Lo siento.— dijo. Esta vez lo dijo de verdad. Lo sentía por ese chico. Había llegado a caerle bien y todo. No parecía un mal muchacho.

Hizo girar la luz hasta que quedó enfocada hacia la pared, de forma que sólo alumbrase tenuemente la estancia para no dañar los ojos sensibles del muchacho. No sabía muy bien qué hacer en momentos cómo ese. Ella no era de consolar a nadie. Y menos a alguien a quién prácticamente no conocía de nada, además de que le había dado el susto de su vida. Se pasó las manos por el pelo, y después por la cara. Descubrió un par de lágrimas que le resbalaban de nuevo por las mejillas. Ni ella sabía bien por qué estaba echándose a llorar de nuevo, pero no pensaba dejar que el pelón la viese, así que se levantó con rapidez extrema de la silla y se acercó hasta el tosco y pequeño mueble que había a los pies de la cama. Sacó una camisa a cuadros que era de su tío y se la dejó sobre la cama.— No puedes ir con una camiseta manchada de sangre por ahí.— dijo, cómo única explicación. Estaba siendo demasiado generosa con él, pero no podía hacer menos. Su corazón no se lo permitía. Aunque no lo demostrara, lo veía completamente exhausto. Y no por fuera, no. Por dentro. Se le veía destrozado. Al parecer aquel tal Jonah era un buen amigo suyo, por lo que había comprobado. Asintió ligeramente cuando le preguntó que si iba a quedarse.— Sí. Tengo papeleo que hacer.— aunque se notaba a la legua que eso era una mentira cómo una casa. La realidad distaba un buen trozo de ser eso. Y ahora lo recordaba, se había dejado la puerta del la entrada abierta con tanto trajín. Pareció perder todo el color del rostro, pero se armó de valor y salió corriendo por la puerta cuál alma lleva al diablo para bajar la reja y cerrar el taller, apagando las luces. ¿Había alguien allí fuera? Volvió prácticamente volando y cerró la puerta del cuarto trasero, apoyándose en ella para soltar el aire que había estado conteniendo.— Lo siento. Yo eh... Creí haber visto algo, ahí fuera... Fuera...— empezó a morderse una uña con nerviosismo. Las sombras de la calle le jugaban malas pasadas, cómo aquella.— Había cosas que se movían y... Tengo miedo.

Se acercó hasta el sofá cama, pero no se atrevió a sentarse a su lado, así que se instaló en el suelo apoyando la cabeza en el colchón. Había que decir que se había arrimado lo suficiente a él cómo para sentirse mejor, pero no tanto cómo le gustaría por miedo. Siempre podía dormir en la silla o en el suelo mismo, pero no pensaba salir de esa habitación hasta que el sol volviese a brillar en lo alto y la gente paseara por la calle tranquilamente. Se rodeó las rodillas con los brazos. Ese era su espacio. Su espacio. Nadie podía entrar ahí. Sí, esa era su forma de calmarse. Las sombras la asustaban de una forma horrible, y más ahora. En cierta forma, y muy en el fondo, se alegraba de no estar sola esa noche.— Lo siento... — repitió, una vez más apoyando la barbilla en sus rodillas. Se mordió el labio con fuerza, por dentro, y miró hacia otro lado. Sabía que quería desahogarse, pero si le estaba observando de esa forma no podría hacerlo. Así que simplemente se dedicó a mirar el suelo con aire totalmente ausente y desconectado de la realidad. Aunque era muy consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor. No podía dejar de estarlo. Su corazón todavía iba a mil por hora tras tanto susto. Y de milagro no había sufrido un ataque de taquicardia esa noche.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Lun Mayo 07, 2012 4:46 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

Ahora que ambos estaban allí, más tranquilos, más recogidos, podía soltarlo todo. No quería tampoco desquitarse con ella. No de nuevo. Comenzaba a caerle bien. La comenzaba a soportar, y no quería fastidiarlo. Tal vez no pisaría aquél taller mecánico en su vida, por todo lo que había pasado en esa última hora. Pero si quería dejar las cosas bien entre ellos dos. Ella estaba haciendo todo el esfuerzo por que él estuviese bien. Se había preocupado por él, sin que se lo pidiese. Le estaba dando un refugio aquella noche en su taller, aquél mismo que había medio destrozado la primera vez. La rabia le cegó aquél día y no pensó en las posibles consecuencias de su comportamiento. No había pensado en que tal vez ellos no tenían tampoco dinero, como él. Que aquello podía haberles costado muy caro, pero el odio hacia aquél que creía que era amigo suyo, le hizo hacer todas esas cosas. Porque a él no se le traicionaba. Porque romper una relación de amistad, no era nunca algo que gustase, y a él menos. Una persona que callarse no podía callarse, no cuando le tocaban la moral. Y por eso nunca pensó que haría tanto daño. Ahora, allí sentado en aquél sofá cama, con una herida que podía haber sido mortal en su costado, y con un dolor inmenso en el corazón, pensaba en todas aquellas cosas. Alzó la mirada solo cuando ella salió como alma lleva al diablo. Seguramente porque se había olvidado algo. No le hizo mucho caso, la verdad, pues solo tenía oídos para sus pensamientos. Esos que rondaban su mente.

Miró aquella camiseta que ella le había tirado para que se la pusiera, alegando que no podía dormir con la manchada de sangre. Así que se puso en pie y tiró la camiseta sucia al suelo, para ponerse la que ella le había dejado. Se alisó la camiseta, y se sentó de nuevo en el sofá. En el borde de este con las piernas ligeramente separadas y los antebrazos apoyados en ellas. Negó con la cabeza, cuando volvió a entrar, disculpándose. – Es normal. Debes estar realmente asustada. – comentó mirándola con ojos cansados y rojizos. – No creo que esto suceda a menudo en tu vida. Por desgracia en la mía es casi el pan de cada día. – se encogió de hombros, y chasqueó la lengua contra el paladar. Intentaba ser el chico agradecido de siempre. El bromista. El alegre, pero solo le salía ser el bonachón cansado. – Así que no te disculpes. Lo comprendo. – y por primera vez, le dedicó una sonrisa sincera, aunque apagada. Tan apagada como su mirada. Arrugó el ceño, y apretó el puente de su nariz con los dedos índice y pulgar, con fuerza unos segundos, que parecieron minutos. Ella se acercó, pero no se sentó a su lado, sino que lo hizo en el suelo. Eso también lo comprendía. Debía tenerle cierto temor por lo de antes. Nunca era agradable que te pegasen, y menos cuando estabas totalmente indefenso. Ella se hizo como una pequeña bola. Parecía tan vulnerable allí sentada a su lado, que le dieron ganas de abrazarla. Solía abrazarse con sus amigas, pues él podía llegar a ser bastante cariñoso cuando se encontraba en un buen ambiente, relajado y tranquilo. Pero ella no era amiga suya. De hecho, no era nadie para él. Sin embargo… estar allí a solas, después de todo lo vivido esa noche, algo le impulsaba a ser benevolente con ella.

Él estaba destrozado, sí. Pero ella asustada. Aquél “lo siento” sonó sincero. Realmente sincero, y logró ablandarle. Entonces pasó de estar sentado en el sofá, a estar sentado al lado de ella. Le pasó un brazo por los hombros y la acercó a él para abrazarla. – No… quien lo siente soy yo. A veces no mido lo que hago… - miró adelante, y dejó allí su mirada. – Me he portado como un gilipollas. Y lo siento. – mordisqueó su labio inferior pensativamente. Para luego deshacer el abrazo, y buscar la mirada de ella. Se ayudó con las manos, alzándole el rostro con el dedo en la barbilla de ella. – Duerme conmigo esta noche. – le medio sonrío. Y enseguida añadió – necesito calor… calor humano – confesó. Con el dedo pulgar, perfiló los labios de ella con suavidad y muy lentamente. Acto seguido, se levantó y la ayudó a ella a levantarse. – Pero primero tendremos que sacar la cama, porque si no… no se como vamos a caber en el sofá sin abrir. – aquello lo dijo en su tono habitual. Intentado dejar el drama aparcado. Dio una palmada, y se frotó las manos acto seguido.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Mar Mayo 08, 2012 11:38 am




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:15 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Por fin todo había vuelto a la tranquilidad. La habitación restaba en silencio, sólo roto por las respiraciones del pelón y la castaña. Ninguno de los dos se encontraba bien, pero se les notaba a ambos que tenían el estado de ánimo por los suelos. Wâsh no sabía bien qué hacer. Sabía que no pegaría ojo posiblemente, por mucho que le diese el aire. Aunque ahora era lo último que quería, lo de salir a la calle. Ni siquiera abrir una ventana, le daba miedo. Al menos no estaba sola, volvía a repetirse una y otra vez en su cabeza, concienciándose de que aquel era su espacio y nadie podría acceder allí si no quería. Exacto. Se balanceó ligeramente de un lado a otro durante más de un minuto, durante el cual el silencio reinó en la habitación. Su mirada seguía perdida, fija en la camiseta manchada de sangre seca que ahora estaba en el suelo. Así que al final había decidido cambiársela. Al menos le hacía caso, que ya era decir. Para ella fue una sorpresa que le dijera que la comprendía. Pensaba que se iba a reír de ella, o algo semejante, por tener miedo. Creía que se burlaría, pero estaba algo equivocada.— ¿Cómo... Puedes vivir así? Es insoportablemente horrible.— comentó, haciendo referencia a su estilo de vida. No le salió más que un hilo de voz tan fino que se podía cortar con tijeras. Le daba miedo alzar la voz. Ahora mismo, tenía miedo de todo. Incluso de respirar demasiado fuerte. Era en momentos cómo este en el que deseaba desaparecer de la Tierra, al menos por unos días. Pero al parecer todo salía del revés. Su sonrisa, esa que casi no había ni podido apreciar de lo cansado que parecía, la dejó si cabía más sorprendida. Parecía mentira que ahora estuvieran hablando así, tal cual. Aunque la muerte de alguien aplacaba a cualquiera.

Y dicho y hecho, el gesto que llevó a cabo a continuación el muchacho la dejó totalmente fuera de lugar. Ver cómo se sentaba al lado de ella en el suelo y la rodeaba con uno de sus brazos no era algo que se esperase. Para nada. Quizás es que se había metido de golpe en el mundo al revés, o algo semejante. Pero tampoco le rechazó. A decir verdad, necesitaba un abrazo y de los grandes. Más triste era todavía pensar que no tenía a nadie a quién pedírselo. Se dejó hacer, y terminó agarrándose con fuerza a la camisa limpia que se había puesto y apoyando la cabeza en su hombro por unos instantes. Olía a casa. Olía a su tío. A algo que le traía seguridad. O quizás fuese por el calor que emanaba el cuerpo de él. Fuese cómo fuese, en cierta forma pudo sentirse bien, por unos efímeros momentos durante el transcurso de la noche.— Creo que todos hemos aprendido la lección.— susurró, con la mirada clavada en el suelo. Lo que se asemejaba a su forma de decir que lo pasado, pasado quedaba. Al menos por las siguientes horas que todavía quedaban por delante. A ninguno parecía dársele extremadamente bien lo de pedir disculpas, pero era más que suficiente lo que le había dicho él para que pudiese, por lo menos, aplacar su odio. Notó que deshacía el abrazo demasiado pronto. Para ella, lo era. Querría quedarse toda la noche allí sin moverse para nada, absolutamente nada. Se le había cerrado el estómago completamente, así que lo de comer quedaba descartado. En realidad, la única cosa que podía apetecerle era cerrar los ojos aunque fuese por una horita de nada.

Pero cuando estaba a punto de decir algo, su rostro se vio guiado por esa mano ajena, y pudo mirarle a los ojos directamente tan sólo levantando un poco la cabeza. Tenía unas ojeras impresionantes. Se notaba que él estaba incluso más hecho polvo que ella, y ya era decir. Abrió los ojos cómo platos cuando le propuso de dormir con él por esa noche. En el fondo, también necesitaba compañía. Y su peluche estaba muy lejos del taller. Seguro que la echaría de menos aquella noche.— Ah, yo... Eh...— se le trababa la lengua. Vale, nunca había dormido con nadie que no fuese su ex-pareja, Jôn. Pero tampoco era algo tan raro, ¿no? Se rascó la mejilla ligeramente, más para disimular el sonrojo que se le había subido a la cara que por otra cosa.— E-está bien, está bien. Claro, yo también.— repitió. Notaba que le temblaban los labios ligeramente cuando él resiguió el contorno con su pulgar. Debía estar teniendo alucinaciones o algo semejante. Falta le hizo que hablara para despertarse de esa especie de encantamiento que llevaba encima. Parpadeó un par de veces, confusa.— ¿Sacar la cama?¿Qué cama?— había tenido un lapsus enorme.— Ya. Vale. Esta, claro.— dijo, palmeando un poco el sofá. Se ayudó con sus firmes manos para levantarse. Por suerte, su enérgica palmada la había terminado de poner en órbita. Metió una mano por debajo de los cojines hasta encontrar el botón que tenía que apretar y tiró. Instantáneamente la parte del respaldo del sofá se desdobló, dejando así una cama no demasiado grande, pero suficiente para dos personas.— He aquí la magnífica cama.— la señaló. Después extendió una manta por encima por si les entraba frío por la noche — cosa que dudaba bastante — y se desabrochó el peto sucio, que ya empezaba a molestar. Cosa que tampoco la incomodó, pues llevaba la camiseta de manga corta y unas mallas pirata debajo. Se quitó las zapatillas, que ya empezaban a dolerle los pies, y dudó. Al final terminó haciéndole una seña hacia la cama cómo ofrecimiento.— Eh... Tú primero.— sonó más cómo una pregunta que una afirmación. Estaba algo confundida.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 10:50 am



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

La muerte de su amigo le había dejado totalmente fuera de combate. Se sentía sumamente cansado. Sin muchas ganas de hacer nada. Tan solo dormir en aquél sofá cama, y olvidarse por unas horas de todo. Podía mandarle un whatsapp a Mik y comentarle que no iría a dormir a casa. Claro que luego pensó que a él eso le importaba muy poco, pues no sería la primera vez que no iba a casa a dormir. Y hasta el día siguiente, incluso más, no volvía a parecer por el piso. Así que al final, no le avisó, dejando que su amigo se preguntase donde se había metido, si es que no estaba tan ciego como él al principio de la noche. De esa noche que creía que iba a ser de lo más divertida. Pero la diversión había terminado en segundos nada más llegar el grupo de tíos al taller mecánico. Incluso antes de que uno de ellos sacase la pistola que tenía escondida y metiese una bala entre ceja y ceja a su amigo. Solo quería poder pillarle del cuello y hacerle de todo a aquél tipo, por haber matado a uno de sus amigos. Le importaba una mierda si le arrestaban o no. Si le metían condena de no se cuantos años, pues solo quería poder vengarse y ya. Una forma de calmar ese dolor que tanto le martirizaba ahora. Podía dejarlo estar. Pues lo hecho, hecho estaba. Pero no quería. Sería como si le estuviese fallando a Jonah, ya que según él, estaba seguro de que su amigo no se lo perdonaría si no llegaba a vengar su muerte. La pregunta de ella no pudo menos que hacerle medio sonreír pesadamente. No la respondió. Dejó que esta quedase en el aire, como aquél gesto que le dedicó al acariciarle y abrazarle de aquella forma que solo mostraba cuando quería algo más. No supo muy bien porque necesitó que ella le mirase a los ojos sin ningún rencor. La confusión con la que ella le miró, le gustó, pero prefirió no seguir por ahí. Porque jugar con fuego nunca fue lo más adecuado, aunque él lo hiciese siempre. Pero con ella decidió que no. Pues no era como las demás. A ella la detestaba. Espera. ¿Ya no la odiaba? Puede que con todo eso ese odio que sentía hacia ella se hubiese empequeñecido.

- De los errores se aprenden. – dijo. Aunque él aprender mucho de sus errores no es que aprendiese. Más que nada porque sabía lo que era meterse en toda esa mierda. Pero hasta que no entrase en un estado de locura total que le dejase casi vegetal, lo más seguro es que no parase de meterse coca. Porque la adicción a las drogas era realmente un jodido infierno, ese que solo tú, con tu fuerza de voluntad, podías escapar. A Ankêr le costaba lo suyo, porque sí, lo había intentado, pero a medida que el tiempo pasaba en su maldita vida, todo eso de dejarlo le costaba más y más. Era una obsesión enfermiza. Como si esa adicción fuese el amor de su vida. Del cual no pudiese desengancharse por nada del mundo aunque lo estuviese pidiendo a gritos interiormente. Estaba hecho una mierda. Solo había que verle esas ojeras, esa piel cetrina, su forma de actuar. Todo en él indicaba que bien no lo estaba. Y que sí, que podía tener energía por un tubo, pero eso no le daba pie a decir que se encontraba bien, porque no era así. Se le pasó por alto que ella se ruborizase ante su leve caricia, aunque la verdad, le hubiese gustado verlo. Eso solo le daría pie a acercarse más a ella. Estaba completamente seguro de que ella le mandaría a la mierda con su propuesta, casi indecente. Pero no. Al final la morena aceptó. Le sorprendió, pero no lo hizo notar. Dejó que una sonrisa ladeada se dibujase en su rostro, aunque ella seguramente no pudo verla, porque justo giró el rostro hacia un lado.

Dejó que ella sacase entonces la supuesta cama en la que iban a dormir juntos, para luego quitarse el calzado y los pantalones, quedándose en calzoncillos u camiseta. Ella no podría quejarse de tan poca ropa, porque Ankêr tenía la costumbre de dormir desnudo. Sobretodo en verano que era cuando hacía mucha más calor. Pero esta vez, para no cagarla más, decidió quitarse lo que más el molestaba. Sus ojos observaron como ella se deshacía del peto de trabajo que llevaba puesto, y aquello le dio para mal pensar un poco. Pero enseguida se distrajo con otra cosa. - ¿Eres así de vergonzosa siempre? – le preguntó con una pequeña sonrisa divertida a la vez que se tiraba en el sofá cama, dejándole espacio a ella. – Espero que a tu novio no le importe que durmamos juntos esta noche. – alzó ambas cejas para bajarlas con rapidez, y así dos veces más. No quería fastidiarla. Le gustaba bromear y normalmente las chicas solían reírle las gracias. No eran precisamente chicas muy tontas, sino que les hacia gracia él. Aunque luego si es cierto que le pegaban en broma puñetazos y demás.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 1:17 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:15 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Se había tranquilizado, ahora sólo le quedaba un cansancio eterno y pesado que parecía querer cerrarle los ojos a la fuerza. Se los tuvo que frotar un par de veces para poder mantenerse despierta. Había sido una noche dura, una que todos querían olvidar. Abrió la boca para soltar un enorme y largo bostezo, sin llegar a cubrirse la boca con la mano a tiempo. Un par de lagrimillas curiosas se le escaparon de los ojos de tanto bostezar, así que agradeció el hecho de que por fin tuviese paz. Al final, se olvidaría de las cuentas por una noche, por lo menos. Después de abrir la cama se acercó y cerró el pestillo de la puerta, para que nadie pudiese entrar por la noche, y que su tío por la mañana no llegase antes de hora y se llevase la sorpresa del año. Suspiró lentamente. Ahora sí que estaban totalmente a salvo. Era extraño, pero había dejado de tenerle miedo de golpe. No sentía que el peligro estuviera allí dentro, con ella. No, era todo lo contrario. Tenía la sensación en el pecho de que estando con el pelón no podrían hacerle daño. Era curioso, ¿no? Lo era. Se mordió el labio, pensando en sus palabras. Sin duda, de los errores se aprendía. Se aprendía demasiado. Ella podía decirlo sin tapujos, pero se limitó a asentir ligeramente con la cabeza, de forma casi imperceptible.— Eh... Si por la mañana quieres irte y no estoy despierta, vigila al salir. Puede estar mi tío pululando por aquí.— le avisó. A él no le haría ninguna gracia por ahí. Lo mismo le metía la cabeza en un motor y encendía el coche, o algo así. Mejor evitar sustos.

Se dio la vuelta y se le cayó la mandíbula al suelo. ¿Pero qué pensaba, quitándose los pantalones así tal cual? Que ella al menos llevaba las mallas, que no se le veía la ropa interior ni nada. Que sí, que también solía dormir sin nada encima, y aquellas mallas la estaban matando de lo apretadas que iban en la cintura, pero no pensaba quitárselas. Su mirada se perdió por el suelo, mirando a cualquier lado menos a él mientras regresaba a su costumbre de morderse una uña.— ¿Piensas dormir así, sin... Pantalones?— vale, sonaba un tanto ridícula la pregunta, pero es que se sentía ligeramente intimidada, por así decirlo. Nah, tampoco tenía que preocuparse. Sabía que él le tenía un asco tremendo, así que posiblemente cuánto más lejos estuviera la castaña de él, más contento estaría. Así que esperó a que se acomodase en la cama mientras ella se dedicaba a rastrear el suelo con la mirada y a colocar cosas en su sitio, terminando por atenuar la luz de la mesita para que no tocase las narices. Señaló la luz.— ¿Te importa? Suelo dormir con una luz abierta.— se encogió levemente de hombros, tratando de quitarle importancia. Sólo los niños pequeños dormían con luz, pero ella, esa noche precisamente, la necesitaba. Aunque casi no se viese nada en la habitación, al menos necesitaba saber que no estaba totalmente a oscuras.

Por fin, la cama. Cómo había echado de menos un mullido colchón en el que tumbarse. Pasó por encima de Ankêr tratando de no pegarle un rodillazo por el camino o algo semejante y se tiró en el lado libre del sofá, intentando ignorar el hecho de que había una molesta barra de hierro debajo que siempre tocaba las narices. Le miró con cierta curiosidad, ladeando la cabeza mientras se acomodaba, tumbándose de varias formas hasta que decidió que quedarse de lado mirando hacia él era lo mejor.— ¿Vergonzosa? Pues, supongo. Un poquito quizás.— se quedó pensativa.— Bueno, vale, sí. Eso dicen.— terminó diciendo, mientras se cubría el rostro con un brazo. Una pequeña sonrisa se había asomado en la castaña, la primera en toda la noche que era sincera, diría. Chasqueó la lengua negando con la cabeza. Hablar de novios le sentaba cómo una patada en el estómago. Para ella, era un golpe bajo. Sin embargo, una pequeña risa sacudió su cuerpo. En su interior se debatía entre lo irónico, lo sarcástico o lo sumamente masoquista de su antigua relación.— Para cuando tenga novio, creo que esta noche ya estará muy, muy lejos.— dijo, bromeando con una sonrisa timidilla. Se quitó el brazo de encima de la cara para poder mirarle, y alzó un poco las cejas.— Pero espero que tu novia no venga reclamando venganza luego...— se sorprendió por un momento. Anda, no se había dado cuenta.— Oye, todavía no sé tu nombre. Aunque... Sería comprensible que no quisieras dar nombres.— quizás desconfiaba de que quisiera denunciarle todavía, o algo así. Cerró los ojos. Aquello era complicado de olvidar. Tenía el recuerdo grabado detrás de los ojos, era cómo una lección por algo malo que había hecho.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 1:55 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:10 PM

Parpadeó. - ¿Tu tío? Tranquila, creo que despertarme, me despertaré más tarde que tú. – Dormir hasta tarde era uno de sus mayores vicios sin duda. Le encantaba despertarse a la hora de la comida, ya que así no tenía que prepararse el desayuno ni aguantar las malas contestaciones de nadie al madrugar. Por otra parte, si madrugaba, era porque de verdad la situación lo requería. No le daba miedo el tío de la morena, pero si algo de respeto. Comenzaba a respetar a la chica, y por ende, a su tío. Así que tampoco quería buscarse más problemas de los que tenía por quedarse hasta tarde a dormir allí en el taller. Ya se imaginaba la cara de su tío mirándolos con ojos desorbitados, al verlos allí durmiendo. Encima juntos en la misma cama. Y para colmo, él si pantalones. Que por cierto, ella se dio cuenta de ese detalle, por supuesto, y le preguntó si iba a dormir así. Sin los pantalones puestos. Se encogió de hombros antes de responder con simpleza. – Claro. Normalmente duermo sin nada, pero no te haré ese feo. – esbozó una sonrisa traviesa, humedeciéndose el labio inferior con la punta de la lengua. No pretendía coquetear con aquella chica. La verdad. Más que nada porque tampoco le gustaba. Sí, era guapa, porque no reconocerlo, pero nada más. Aunque tal vez pensase así por todo lo ocurrido tiempo atrás. A lo mejor, si la hubiese conocido en una discoteca o en cualquier otro lugar, si le habría entrado como si hubiese sido una chica más. De esas a las que conocía cuando estaba en su ambiente. Pero ese no era el caso, y por eso mismo, aunque ahora se sintiese bien a su lado, no pretendía ligar con ella. El ser así, le venía innato. Y a veces eso confundía a las demás personas.

Hizo un ademán con la mano para que no se preocupase. – No, para nada. Yo suelo dormir como un tronco. – sonrío ampliamente. – Como si cae una bomba atómica aquí al lado. Seguramente ni me enteraría – bromeó con exageración. Aunque si tenía algo de razón. Tenía un sueño bastante profundo, por lo que algo de luz no le iba a importar mucho. Podía haberle dicho que sí, que le molestaba, pero extrañamente no tenía intención de fastidiarla. Es más, ya tenía ganas de poder abrazarse a ella y caer por fin en los brazos de Morfeo. Esperaba poder dormir bien, ya que no podía adivinar que cosas le sucederían al día siguiente. Después de esa noche, todo parecía más negro de lo habitual. Pero así era su vida, llena de altibajos. De baches extremadamente grandes y profundos. Él mismo había querido tirar por aquél camino, en vez de darse la vuelta y tirar por el adecuado. Él había elegido la vida aquella. Así que ahora no había marcha atrás. No si él no se daba cuenta o no quería arreglar aquello que bien podría conducirle al mismísimo averno. Ya tumbado en el sofá cama, con alguna que otra molestia a causa de la herida que la morena le había curado minutos antes, la miró, esperando a que ella también se tumbado a su lado. Ella se tapó el rostro con el brazo, y eso le pareció bastante gracioso, por lo que no pudo evitar componer una pequeña sonrisa en sus labios. – Ser tímida no es algo por lo que avergonzarse tampoco. – le dijo. Iba a quitarle el brazo de los ojos, cuando se paró a medio camino, pensando que lo mejor era no tocarla mucho por si acaso se asustaba o algo. – A mi me gusta. – acentuó un poco más esa sonrisa, antes de colocarse como ella en la cama. Así, ambos podían mirarse a los ojos.

Vio aquella sonrisa y le agradó. Parecía comenzar a ser ella misma, y no la chica asustada que le había mostrado. Aunque claro, tampoco la culpaba, pues era muy normal como había actuado desde el principio de la noche. En realidad, pensó que tenía bastante valentía. Y que otra se habría desmayado al instante. – Mi novia ahora mismo, se estará tirando a cinco tíos más. – dijo tal cual, aunque un tanto serio. Hacía tiempo que no veía a Cat. Demasiado. Aunque tal vez era lo mejor. – Bueno, más que novia, ex. Pero bah, no hablemos de ella. No me interesa. – confesó para evadir ese tema de una vez. La morena entonces dijo algo que le hizo quedar algo anonado. Era cierto. No sabía su nombre. No ahora mismo por lo menos. No se acordaba. Haciendo el paripé, alargó la mano que tenía sobre el sofá cama, para tendérsela. – Renton. – se presentó con su apodo. – Sí, es un apodo algo extraño, pero así me llaman. – se encogió de hombros. – Según mis colegas les recuerdo a un tío que se apodaba igual en una película. – arrugó ligeramente el ceño. – No es que me guste mucho, pero ya estoy acostumbrado a el. - ¿Cuántos años tienes? – ahora tocaba dormir, pero él tenia ganas de saber cosas de ella.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 3:13 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:15 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
O no lo entendía o le daba absolutamente igual. Pero a ella sí que le importaba, le importaba que por alguna razón, el dueño del taller entrase a la parte trasera y se lo encontrase durmiendo. Capaz de matarlo, vamos. Y más si se pensaba que se había acostado con su sobrina. Cosa que, en realidad, ni siquiera se le pasaba por la cabeza a la castaña. Ella y el sexo nunca habían sido demasiado afines. Sólo con una persona, y la cosa había terminado mal no, lo siguiente. Desde entonces, repelía todo lo relacionado con la cama, a no ser que fuese para dormir. Cómo aquella noche, por ejemplo. Sonrió ligeramente cuando le dijo que aún que cayese una bomba atómica no se despertaría. Pues qué buen dormir que tenía el muchacho. Ya le gustaría a ella, que se despertaba con cualquier cosa por la noche. Por no hablar de la taquicardia, que a veces le jugaba malas pasadas nocturnas. Se le paraba el corazón por un par de segundos, y luego volvía a latir frenético. Wâsh lo pasaba realmente mal en esas ocasiones.— Si veo que hay peligro ya me sentaré encima tuyo para disimular el bulto, o algo.— comentó, bromeando un poco para quitar las tensiones de en medio. La verdad, no parecía tan mala persona cómo había creído. Además, se había disculpado con ella y todo. Algo de respeto se empezaba a ganar. Iba por el buen camino, de momento. Ni llegó a imaginarse la escena del chaval a la hora de irse a dormir, sin nada encima.— Ah, vaya. Entonces... Sí, mejor así, eh.— comentó, mientras torturaba una de sus uñas con los dientes. Ah, malditas manías. Nadie se las quitaba de encima.

Por fin había logrado la posición exacta para no morirse de dolor toda la noche. La barra de hierro le estaba dando la vara, pero ella había sido más lista, por suerte. Escuchó sus palabras, y no pudo evitar chasquear la lengua levemente. El resto de la estancia estaba tan en silencio que le daba miedo alzar la voz. Hablaba con un hilillo de voz característico de ella, ya.— Por desgracia, no todos piensan lo mismo. Sólo quiero evitar los problemas, y parece que vengan a mi cómo si fuera un imán.— resopló por lo bajo, frotándose un ojo con los nudillos. Se apartó un pelo molesto del rostro. Se le quedó mirando durante un largo instante, antes de desistir. Se desinfló cómo un globo tras soltar el aire que había cogido para decir algo más. No quería hacerse la víctima, así que lo dejó en el aire. Tenía mucho que decir en aquel tema, lo sufría cada día en su propia carne, en su mente, en los martirios constantes por parte de la sociedad más cruel y vilmente perfeccionista en la que le había tocado vivir.— A veces desearía haber nacido en una tribu perdida en cualquier lugar y ser una amanzona, o algo así.— murmuró. Seguro que las cosas serían mucho más sencillas. Sin ser criticada por nadie, sin miradas despectivas o comentarios sarcásticos sobre ella. Se hizo petar los nudillos de una mano con la otra. Había que ver la de manías que tenía la chiquilla, y es que tenía todo el tiempo del mundo para encontrarlas. Se oyó el crack, crack al petar las articulaciones. De mayor tendría un parkingson de la ostia, seguro.— Parece que eres de los pocos que piensan así. En cambio, tú pareces todo lo contrario a alguien vergonzoso.— se aventuró, probando suerte.

Alzó las cejas cuando le comentó lo de su novia.— Vaya.— no se le ocurrió nada más que decir. No comprendía a esa gente. Por alguna razón, le recordó a Jôn. Maldita fuese. Por unos instantes su mirada se ensombreció. Cuando pensaba en él sentía ganas de golpear algo, pero en seguida recobró su vitalidad de siempre. Algo apagada, eso sí. La muchacha se las ingenió para estrecharle la firme mano al pelón sin caerse en el intento, aguantándose con el codo y haciendo equilibrios.— Encantada.— sonaba raro, decir aquello.— Wâshington. Wâsh mejor.— se presentó. Si la llamaba Wâshington tendrían un serio problema. Odiaba su nombre completo, no comprendía cómo sus padres tenían tan mal gusto cómo para ponerle algo así. En serio. Era ridículo. Le sonaba a nombre de gato o algo así.— Renton.— repitió. Al final tendría complejo de loro, no de gato.— Pues no suena mal. Quizás sí que te parezcas un poco.— sabía de qué película le hablaba. Se encogió un poco de hombros, y apoyó la cabeza en la mano. Wâsh sonrió ligeramente. No se cortaba con las preguntas, eh.— Las señoras primero.— bromeó, lanzándole la pelota a su campo. Necesitaba quitarse las tensiones de encima, nada mejor que bromear un poco en un ambiente relajado para eso.— Yo te pongo treinta. ¡No! Teinta y dos.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 3:48 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:45 PM

Se rascó la cabeza, para luego frotarla hacia adelante y hacia atrás con la palma de su mano. Esa que no estaba entre el cuerpo y el colchón en donde ambos iban a dormir esa noche. La dejó caer de nuevo en el sofá-cama, mientras se encogió de hombros. – Soy como soy. Me da igual si la gente piensa mal de mí o se ríe, la verdad. – comentó con simpleza. – No soy un tío que se esconda por nada… así que aprovecho mi personalidad para conocer a gente y pasármelo bien. – le dedicó una sonrisita, como animándola a que ella se soltase algo más. Por lo menos con él. La morena no tenía por qué ser tímida con él. Porque aunque pudiese burlarse de alguna cosa, su intención realmente no era mala. – Te daré clases de como no ser vergonzosa – bromeó, tocándose el colmillo con la punta de la lengua, aun sonriendo de esa forma característica en él, entre divertida y traviesa. Era un rasgo que a muchos les solía gustar, pues inspiraba confianza, pero a otros, les parecía una falta de respeto. Esta gente, eran los típicos que preferían no ver a nadie sonreír a su lado, y mucho menos de esa forma, sobretodo cuando iban de vacilones. Ankêr solía reírse en su cara siempre que podía, desafiándoles como nadie les desafiaba nunca. Porque tal y como había dicho antes, poco temía. Menos a unos idiotas como esos que mucho ladrar pero poco morder. El tema novio no parecía hacerle mucha gracia, como a él. Así que pronto dejaron el tema apartado. Más que nada para no fastidiar ese momento de paz y tranquilidad que estaban viviendo ambos, después de todo lo sucedido. Aquello era el calmante que necesitaban para poder olvidarse de todo. Hablar o dormir, era lo mejor. Pues uno, hablando, se distraía, y no pensaba en cosas.

Estrechó la mano de la morena, ahora ya sabiendo su nombre, y la soltó después, aunque no tan bruscamente como cuando habían tenido el primer contacto en aquél abrazo de antes. Cuando aun la cama ni tan siquiera estaba sacada. Donde estuvo a punto de hacer una locura. Donde podía haber vuelto a cagarla de nuevo. – Wâsh – repitió como ella su nombre. – Um… me gusta. Si te soy sincero en mi vida lo había oído. – sonrió dejando escapar una ligera risita. – Pero sí, al ser original me mola. – asintió unas cuantas veces con la cabeza levemente. Ella le dijo que tal vez sus amigos tenían razón sobre el apodo que le habían puesto. El de Renton, así que dedujo que ella sabía de quien hablaba, cosa que él no. – No se… pero ya puede ser igual de guapo que yo, ya. – bromeó fingiendo hablar como un completo idiota y egocéntrico muchacho. Rodó los ojos y se puso la mano libre en el pecho, haciéndose el ofendido. – ¿Señora? ¿Tan mayor me ves, hija? – preguntó con una voz, o intento de voz, de una viejita de aquellas preguntonas. Cuando ella añadió la edad, entonces si abrió los ojos y se tiró hacia atrás, con tan mala suerte, que al hacerlo, al exagerarlo e intentar hacerla reír, el gesto le dolió. Hizo una mueca, y maldijo. – Joder… - cerró los ojos. Parecía haberse puesto algo más blanco de lo que ya era. Pero normal, pues ese dolor no era el de un rasguño más. Aun así, como hombre que era aguantó. – Sí… tal vez mis veintidós años no se noten… estoy para el arrastre – intentó bromear para no preocuparla. – Maldita sea… que hijos de puta. – aquello iba dirigido a los cabrones de antes, por atentar contra ellos. Y encima herirle a él de paso. Aunque podía haber sido peor. Podía haber acabado como Jonah.

Se tumbó en la cama, dejando la posición en la que estaba de lado mirando hacia ella, para luego ponerse el brazo encima de los ojos. Por lo menos el mareo de antes se había esfumado, y aunque ahora le doliese mogollón, ya no era lo mismo. – Por lo menos tengo a una buena enfermera a mi lado – comentó de repente, sonriendo ligeramente, aun con el brazo cubriendo sus ojos cansados. – Te estaré dando la puta noche… - se disculpó chasqueando después la lengua contra el paladar y maldiciendo de nuevo.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 4:50 pm




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:45 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
En el fondo, Wâsh sentía una mezcla de envidia y admiración por Renton. Celos. Tenía celos, muy, muy en el fondo. De su forma de ser, que parecía tan abierta y con tanta soltura. Alguien con quién era fácil de llevarse bien, aunque ella hubiese tenido un bache importante aquella noche con el chaval. Se humedeció los labios, pues los notaba secos, mientras le escuchaba hablar.— Creo que me gustaría ser cómo tu.— confesó, mirándose fijamente la mano que tenía apoyada sobre el colchón para mantener el equilibrio. Bueno, lo había dicho. Quizás es que estaba perdiendo la vergüenza. Aunque, sinceramente, lo dudaba. Estaba muy a raíz de su personalidad desde que era pequeña. Nunca había sido alguien social, ni tampoco desvergonzado. Todo lo contrario. Aún así, no pudo evitar reírse cuando le dijo que le daría clases sobre aquello.— Te daría cualquier cosa si lo consiguieras.— por que era imposible. Si sólo de salir a la calle ya quería echarse una bolsa por encima de la cabeza para que no se la viese. Demonios. Aquella forma de sonreír que tenía se le contagiaba, terminó incluso haciendo el mismo gesto de tocarse un colmillo con la lengua, aunque al darse cuenta dejó de hacerlo. En ella resultaba raro, muy raro en realidad. Ugh. La modorra le estaba haciendo efecto. Y eso que ella no tenía ninguna herida de la que quejarse, no cómo su compañero de cama. Se le hacía extraño escuchar su nombre en los labios del chaval.— Si te digo todas las variantes que salen de ahí no terminamos ni mañana.— dijo, frunciendo los labios ligeramente. Sí, le llovían los apodos.

Empezó a reírse sin poder evitarlo cuando puso voz de viejecilla.— ¡Ay, abuela!— bromeó, siguiéndole el rollo mientras le daba unas palmaditas en el brazo, cómo si le consolara por algo. Aunque el hecho de que se quejase, posiblemente por el dolor de la herida, hizo que sus alarmas saltasen y se echara un poco para adelante, por si se caía de la cama o algo parecido. Se mordió el labio.— Te duele.— dijo, aunque esta vez ya lo afirmaba por que sólo había que mirarle. No sabía qué hacer. Empezó a ponerse nerviosa de nuevo, moviéndose hacia un lado y hacia el otro, cómo con un balanceo muy ligero.— Ahora mismo pareces una vieja de noventa años.— comentó, torciendo ligeramente el gesto. Entonces se le ocurrió algo. Sí, ¡claro! ¿Cómo no se le había ocurrido antes?— ¡Qué tonta!— exclamó, mientras se ponía en pie encima de la cama y saltaba por encima de él para ir a caer al suelo directamente. Se acercó hasta la caja que primeros auxilios y rebuscó hasta sacar una pastilla de paracetamol. Se lo pensó bien, y terminó sacando toda la caja.— Tengo esto.— dijo, acercándose hasta dónde estaba Ankêr.— Pero no hay agua.— dijo, haciendo un mohín de contrariedad. Se pellizcó el labio con los dedos pulgar e índice, tirando una y otra vez cómo solía hacer cuando se ponía a pensar. La verdad, por mucho que le daba vueltas y más vueltas no lograba encontrar nada más que pudiese hacer. A esas horas las tiendas ya no estaban abiertas. Ya no podía ir a comprar una botella de agua. Que sino, por mucho miedo que tuviese, se atrevería a salir. Lo haría. Y sin embargo allí estaba, de pie, sin más.

Sus comentarios le arrancaron una sonrisa. Allí de pie, se sentía... Imbécil, sin saber qué hacer para ayudarle.— Aaaaaaargh. Pues menuda enfermera te ha tocado, que no sabe ni qué hacer.— quería tirarse de los pelos.— Y no te preocupes, tampoco creo que pudiese dormir.— las pesadillas eran demasiado fuertes cómo para no sufrir un ataque de taquicardia mientras dormía, y con Renton al lado seguramente no le sucedería, pero no quería asustar al chico si a media noche se le paraba el corazón y empezaba a hiperventilar. Eso eran cosas suyas, cosas que a la gente no le gustaba saber.— Pero a ti te hace falta descansar. Quizás... Deberías quedarte con toda la cama, o algo. Si estás más cómodo así, vamos. Sólo dímelo.— suspiró. Estaba más perdida que un pulpo en un garaje con aquello. Tenía tela, cualquiera en su situación hubiese tenido alguna idea ingeniosa, pero ella estaba teniendo un lapsus tan grande que sólo se repetía en su cabeza que no servía ni para aquello. Qué triste. Hizo crujir el plástico de las pastillas entre sus manos, doblándolo hacia un lado y hacia el otro una, y otra, y otra vez.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Jue Mayo 10, 2012 5:42 pm



"Revenge feels so sweet
on my hands.


Wâsh H. ScøvnërTaller mecánico22:50 PM

El dolor no era tampoco insoportable. Tal vez su cuerpo estaba un tanto inmunizado a ciertos dolores fuertes, haciendo que estos pareciesen mucho menos de lo que en realidad eran. Le dolía cuando se movía con brusquedad, pero cuando no, todo estaba bien. Así que lo único que necesitaba era descansar y ya está. Se imaginaba la cara de sus amigos al llegar a casa y ver aquella herida. Pero peor sería comunicarles la perdida de Jonah. Eso si que no iba a saber explicarlo. No iba a poder decirles aquello con tanta facilidad como podía hablarles de cualquier otro tema. La muerte de un compañero, siempre dejaba un sabor amargo en la boca. Lo cierto era que aquella muerte no era la primera. Pues ya habían perdido amigos por culpa de las drogas y por culpa de las peleas entre bandos en las que se metían. Y por eso tal vez ahora lo llevaba tan bien. Aun así, seguía pensando en vengar la muerte de su amigo si o si. Tal vez cuando aquella herida medio sanara. – Val flipará en colores. – comentó en voz alta, aunque era más bien un pensamiento de él, el cual se escapó de sus labios. Pero no se dio cuenta de ese detalle, pues estaba más pendiente a lo que Wâsh hacía que a otra cosa. La vio acercarse a la caja de auxilios para entonces sacar lo que parecía ser el envoltorio de unas pastillas o algo así. Dedujo entonces que aquello serviría para el dolor provocado por la herida. – No… no quiero pastillas. – y cuando pronunció esas palabras, sintió un ligero cosquilleo en el estomago. Sí. La necesidad de meterse una raya de coca y así poder quitarse aquél dolor de encima. Pero no pretendía asustarla. No quería que fuese otra Nadia. Su mejor amiga le comía la cabeza una y otra vez siempre que podía sobre ese tema, y ya estaba cansado de ello.

Hizo un ademán con la mano del brazo que tapaba sus ojos con anterioridad. – No enserio… déjalas de nuevo ahí. – le sonrío levemente. Aunque esta vez no con las mismas ganas de antes. – Wâsh, si te parece bien vamos a dormir. Los dos. – le pidió con amabilidad. No quería que ella fuese tan buena con él. No se lo merecía, pues aun recordaba como su mano había impactado con fuerza contra su mejilla. No se le notaba la marca, aunque si ligeramente rosada. Eso le fastidió, pues él no pegaba a mujeres. Tal vez se precipitó demasiado al querer darle un escarmiento a la morena. No pensó en que ella tan solo quiso defenderse. Pero ahora lo comprendía, ya después de haber hecho el mal. Como siempre le pasaba. Aun siendo más inteligente que otros, seguía siendo un idiota acabado. Le hizo un gesto con la mano para que volviese a la cama de nuevo con él. – Soy buena almohada. – le dijo. De nuevo intentaba que todo volviese a ser como antes. Que una sonrisa, aunque fuese pequeña, se dibujase en los labios de Wâsh. Hacía mucho tiempo que no dormía con una chica. En el sentido de que antes no hubieran hecho nada. Pues siempre solía acostarse con ellas y después dormir junto a ellas. Pero con la morena no. De momento eran un par de desconocidos que comenzaban a conocerse. A llevarse mejor, después de haber visto los errores cometidos y de haberse pedido perdón.

- Anda ven… - le apremió para que ella volviese a colocarse a su lado. Se puso en una posición en que ella luego pudiese incluso apoyarse en su brazo o en su pecho para dormir abrazados. No porque quisiera tampoco retenerla a su lado, sino más que nada porque recordó lo que era tener miedo. Ella le había comentado que tenia miedo a la oscuridad, y él de pequeño lo tuvo. Aunque luego aquello pasó a la historia. En realidad, dedujo lo del miedo a lo oscuro por lo de la luz encendida, más que nada. Y supuso también que era por todo lo que habían sufrido esa noche. Cerró los ojos, esperando poder sentir el calor de ella en su cuerpo. El lugar estaba tranquilo, así que pronto caería redondo.


avatar

Ocupación : Traficante de drogas.
Mensajes : 107
Reputación social : 259
Fecha de inscripción : 02/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands. Vie Mayo 11, 2012 11:37 am




Revenge feels so sweet on my hands.


Taller mecánico ↘ 22:45 PM ↘ Ha anochecido ↘ Ankêr
Pensaba que quizás una pastilla podría ayudarle, pero en el fondo tampoco no se le hizo tan extraño que el chaval no quisiera tomar nada. Ella, a menos que se sintiera cómo una patada en el culo, prefería ni tocar los medicamentos. Terminaban jodiéndole el estómago y los riñones a una de mala manera, no quería terminar con cáncer en unos años, o ingresada en el hospital por ingesta excesiva. Y no era la primera vez que pensaba en algo semejante. Pero no, no tenía coraje suficiente, y todavía le quedaban demasiadas cosas por hacer cómo para, siquiera, plantearse la idea de esfumarse del mundo. No. Todavía quedaba gente con la que necesitaba zanjar cosas y disfrutar de muchas otras. Y a quién no le gustase que se jodiera.— Está bien. Entonces las dejaré aquí encima, por si acaso.— dijo, dejándolas en la mesita por si después cambiaba de opinión. Tan sólo tendría que extender la mano para cogerlas, de forma que no le hiciera falta levantarse. No quería marearlo. Se sentía cómo la hermana mayor, aunque al parecer tenían la misma edad, que ya era mucha casualidad de por sí sola. Si él no quería no iba a obligarle tampoco. Casi ya no podía ni apreciar su sonrisa. Estaba cansado, se le notaba. Parecía tan hecho polvo que Wâsh sintió pena, incluso pensando en que había tenido parte de razón para entrar de aquella forma al taller, tan agresiva. Ugh, desvariaba. La muchacha terminó por rendirse, asintiendo levemente con la cabeza un par de veces.

— Sí, tienes razón. Ya es hora de ir a dormir.— pasaba una hora de la habitual para ella al irse a dormir. Cómo mucho a las diez estaba en cama, a veces incluso a las nueve y media dependiendo de lo duro que hubiese sido el día. Y es que sino al día siguiente no se levantaba ni con grúa. Tenía que venir alguien a tirar de sus sábanas para llamarla. El perro, a veces. Aunque le hacía gracia ver cómo se subía a la cama y empezaba a chuparle toda la cara para que la muchacha se levantase de una vez por todas. Siempre era un buen despertar, excepto los días que estaba nublado y gris. Odiaba ese tipo de días. Una buena almohada. Era exactamente lo que necesitaba ella, por que los cojines de aquel sofá cama eran, por decirlo claro, una real y auténtica mierda. Así que se alegró de que se ofreciera a ser el cojín de aquella noche. Cojín y peluche. Ambas cosas.— Que conste que si te pego por la noche no lo hago a propósito.— le advirtió con una media sonrisa, mientras saltaba una vez más por encima de él para acomodarse de nuevo. Joder, debía parecer un canguro con tanto salto. Aunque era cierto, pegaba patadas y golpes a veces por la noche. No era de las que dormían cómo un muermo y no se movían en toda la santa noche. No, por desgracia, había echado más de una vez a cierta persona de la cama a base de ostias, y eso que no se daba cuenta. Su peluche solía terminar en la otra punta de la habitación, sin quererlo. A la mañana siguiente se encontraba al pobre osito tirado por ahí. Qué desgracia. Wâsh se acomodó, evitando la barra de hierro que ya se había clavado al intentar ponerse bien, y terminó por apoyar la cabeza en el pecho de Renton y rodearle con un brazo, cómo solía hacer con su osito. Aunque lo suficientemente arriba para no correr el riesgo de tocarle la herida. Que seguro que se cagaba en sus muertos si lo hacía.

Suspiró lentamente de puro gusto. Por ella, se quedaría ahí toda la vida. Notaba el cuerpo cómo si le pesase toneladas. Le pinchó con un dedo en el pecho, sonriendo.— Uy, qué blandito. Esta noche me voy a quedar en la gloria durmiendo.— murmuró, cerrando los ojos por fin. Esperaba que no le importase el hecho de que se hubiera cogido así a él, ni que le incomodara. Pero también necesitaba sentir que no estaba sola aquella noche, y nada mejor que un cuerpo sólido y físico al que aferrarse para ahuyentar las pesadillas.— Uhm... Buenas noches.— dijo, tan flojo que casi ni se la oyó. Las garras de Morfeo la arrastraban directamente hacia el mundo de los sueños, un hueco que se había ganado aquella noche a pulso. Nadie podía quitarle ese mérito, y es que el descanso que se iba a pegar no lo cambiaría por nada del mundo. No tardó en quedarse cómo un tronco. Era de sueño ligero, pero no le costaba nada de nada de dormirse. Acababa de desmentir completamente lo que habíad dicho segundos atrás de que esa noche no pegaría ojo. Qué poca voluntad tenía esta mujer.

Theme by Citizen.


avatar

Ocupación : Mecánica en un taller.
Localización : En la inopia.
Humor : Extraño.
Mensajes : 82
Reputación social : 241
Fecha de inscripción : 03/05/2012
Ver perfil de usuario
Volver arriba Ir abajo
MensajeTema: Re: ↘ Revenge feels so sweet on my hands.

Contenido patrocinado



Volver arriba Ir abajo

↘ Revenge feels so sweet on my hands.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

Temas similares

-
» Don Ross "Don Three Hands"» Three Cheers For Sweet Revenge [Interpretación, opinión, debate]» Dan Tobacco en España
Página 1 de 1.
Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
COCAINE :: It's Moscú, bitch :: Downtown-
Cambiar a: